OEUVRES DR. CORNELIA PAUN HEINZEL

PARA UN AMORE HASTA EL CAPO DEL TERRA

Dr. Cornelia Păun Heinzel : “La pasión del Profesor Benedicto Predicado”

 

-Es mi marido y dejenlo en paz! Tenemos un hijo que es estudiante de secundaria. .Por que sigue acosando sexualmente a mi esposo? .No tiene usted un hombre en su casa? –grito la mujer desesperada.

- Necesita quedarse aqui con nosotras, para que nos ayude en todas las necesidades escolares que tenemos y todo aquello que nosotras determinemos, conforme a la ley actual, nosotras le representamos –respondieron inquietas algunas mujeres traviesas- con edades entorno a los sesenta anos – tiene que venir con nosotras cada vez que lo llamemos, si necesitamos alguna cosa de el.

La directora, la senora Mita Pajaros, estaba agitada todo el tiempo, preparada para saltar por cualquier motivo, tenia el pelo tenido de rojo brillante y junto a ella, otra mujer igualmente exaltada, con su pelo negro, grasiento, rizado y con unas medias de seda transparente que dejaban ver todas las formas de la senora Geta Buca, miro de una forma desconcertada a la mujer. Llevaban haciendo lo mismo desde hacia muchos anos con todos los hombres del colegio, y nunca nadie se habia quejado, era solo una practica antigua.

La puerta de la habitacion se abrio y aparecio una mujer con una edad que excedia la jubilacion, coqueteando, con una minifalda y unos tacones exageradamente altos, con una peluca rubia platino, vestida tan primorosamente como sus companeras y con una blusa fina de color azul. Fue la jefa de estudios, la senora Tartito. Ella tenia a su marido en el Ministerio, era un hombre gigante, sureno, grosero tanto en su apariencia como en su comportamiento. Parecia un pastor de la montana. Durante mas de un cuarto de siglo habia sido funcionario en el Ministerio, liado continuamente entre proyectos, programas o inspecciones, con una barriga enorme que llenaba completamente, como si fuera un hipopotamo, llenandolo de alimentos para toda la vida. Al igual que el dinero que recibia abundantemente.

La puerta se abrio de nuevo y aparecio un hombre alto y guapo de estructura atletica y pelo negro, rizado, de nariz pequena y un poco achatada, boca pequena con labios gruesos,, el nuevo maestro de footbol del Colegio..

- !Que alegria! Tenemos un hombre en el colegio –exclamo una de las mujeres exaltada.

- Pero, nosotros,, que somos? –dijeron al unisono los profesoras molestas.

De hecho, la mayoria de los hombres del colegio eran bastante viejos y decrepitos, siendo los antiguos capataces o trabajadores comunes, se acercaron a la silla como profesores con anos de experiencia, pero eran altamente valorados y apreciados por la Directora. Los maridos de estas mujeres solo lo eran en los papeles, nadie los habia visto nunca cerca de ellas, mientras que ellas cuando conversaban con otras personas les recordaban permanentemente que tenian maridos.

El Sr. Benedicto Predicado, profesor de el colegio habia sido trasladado recientemente al colegio, era un hombre de mas de cincuenta anos de edad, mediana estatura, pelo canoso, ralo y fino; cara poco arrugada y ceno fuertemente enfatizado, prendas de vestir modestas y voz suave. Hombre muy creyente, no solo en el nombre, cosa extrana en la actualidad. Benedicto visitaba constantemente monasteries para asistir a los servicios y oraciones. Era una especie de Daniel el Ermitano de la epoca actual. El ayuno y la oracion eran comunes para el y era un verdadero ejemplo de moralidad, cosa rara hoy en dia. En teoria, porque en realidad era muy docil, aceptando sin protestar cualquier accion violenta contra el, aunque no estaba del todo de acuerdo con ello.

Despues de ser asaltado por esas mujeres insaciables, el pobre hombre se puso en pie, para continuar con el ayuno y la oracion, diciendo dolorosamente que alguien mas estaba avergonzado de oir sus quejas: !que estupida es la gente hoy en dia! !No tienen verguenza! .Donde se les aparecio Dios a tanto tonto?

Benedicto recientemente releyo la “Divina Comedia” de Dante, que llevaba siempre con el para releer todo el tiempo “El Infierno”, porque parecia que en la vida podria tener alguna de las peores humillaciones diarias, con la direccion del colegio actualmente.

- !Usted no nos satisface, Sr. Predicado! !Tomemos el ejemplo de sus companeros de colegio! No estamos satisfechas con su quehacer, con su rendimiento –decian siempre las mujeres que dirigian la institucion –Siempre, estamos vigilandolo –dijeron las mujeres, riendose y con las manos…

Su esposa sabia que Benedicto era un hombre muy religioso y siempre habia confiado en el. En vacaciones y los fines de semana, se iba por semanas y meses en peregrinacion a los monasterios de todo el pais e incluso en el extranjero, sin tener ningun miedo a perderlo, sin poner a prueba nunca su fidelidad. Pero ahora veia que estaba pasando algo, su marido estaba completamente cambiado e incesantemente

inquieto.

Cuando ella fue a la iglesia la ultima semana, una mujer desconocida se le acerco y hablo:

-Pobre, su marido !Cuanto sufre n la escuela! No puede escapar de las mujeres histericas que lo asaltan.

Entonces Clementina penso en el rostro triste de Benedicto y vio que algo paso con el y ella queria saber lo que realmente le estaba sucediendo.

-Ha sido alguno de los casos del colegio lo que le llevara finalmente al divorcio, senora. Extreme las precauciones, esas mujeres son insaciables, pueden destruir su matrimonio si usted no toma medidas –completo la interlocutora.

Entonces, la senora Clementina Predicado entendio que incluso estaban en peligro. Con la crisis de los hombres de hoy, que va aumentando diariamente –penso Clementina.

En la epoca socialista las mujeres comenzaban su vida sexual mas tarde, despues de los dieciocho anos, despues de salir de la universidad y comenzar a trabajar. Las mujeres frivolas eran muy pocas y habia muy pocos hombres mujeriegos, las parejas eran estables y las familias rara vez se separaban.

Pero actualmente, las ninas no eran virgenes desde una edad muy temprana, muchas de ellas incluso con diez anos o antes ya habian dado a luz a algun nino. Los ninos de preescolar que tienen suficiente conocimiento de esta area, algunos saben mas que los ancianos de la epoca socialista.

A esto habia que anadir, los cambios ambientales, la nutricion, las practicas actuales de muchos jovenes no funciona en los adultos. Clementina estaba en el tema de estas cosas porque su hijo estaba en secundaria y tenia las explicaciones, le dijo Benedicto. El observo el fenomeno interesante de como evoluciona el tiempo. Como las mujeres estaban mas dispuestas, con tanto los hombres se convirtieron en mas inutiles. Penso entonces involuntariamente el

ejemplo de esto, como la senora inspectora de su marido, la Sra. Marghioala Cobe, que estaba loca yendo detras de los hombres. Los que aceptaban sus perversiones ascendian exitosamente en la oficina, tomando los grados de didactica ligeramente y eran inspectores de exito. Cuando se trataba de controlar las inspecciones en las escuelas la Senora Cobe llamaba inmediatamente a estos maestros, con el pretext de mostrarles su reciente operacion de ovarios. A la Senora

Cobe le gustaba hacer bromas de contenido sexual. Pero los profesores y profesoras serios estaban completamente marginados.

Cualquiera que no fuera capaz de hacer algo a la Senora inspectora. Solo existia la Directora Corupttino, el Director Ladron y el Inspector Darsoborno de la Direccion de Proteccion de la Corrupcion en la gestion de personas en la Educacion y defendia el fortalecimiento a los abusos de los directores e inspectores.

Con el socialismo este comportamiento no existia, no estaba permitido, tampoco se habria permitido ninguna relacion sexual entre los empleados estatales.

Actualmente, sin embargo, la Senora Cobe podria darse el lujo de realizar cualquier orgia sexual que le pasara por la cabeza sin limites, porque sabia que cualquier queja no llegaria a resolverse nunca. Podia hacer lo que quisiera y si alguien se atrevia a demandarla recibiria como respuesta por parte de la Direccion de Proteccion de la Corrupcion del Ministerio de Gestion de Personal, la eterna Senora Corrupttin y su equipo la siguiente respuesta: “Acusaciones infundadas, la Sra. Cobe es un magnifico ejemplo de profesionalidad

en su campo, un milagro para el campo educativo”.

En la epoca anterior, la mujer, era una trabajadora de una empresa socialista con perfil electronica, desde la plataforma Pipera, era perezosa e incompetente en su trabajo, pero tuvo exito con su intensa actividad como rata de la Seguridad Comunista, y pudo asistir a los cursos de la escuela nocturna y a una universidad politecnica, en la cual no se le exigia demasiado y donde el nivel era menor. Despues de

la revolucion fue nombrada inspectora y considerada un ejemplo de profesionalidad en todas las areas. Los maestros eran sus subordinados y debian escribir los manuales de las diversas especializaciones y la senora Cobe, figuraba como autora. Fue autora de varios libros sobre tecnicas y especialidades diferentes cuando realmente a la Senora Cobe no la conocia nadie.

En el ministerio tenian como prioridad los manuales. Ellos podian competir con las personalidades consagradas, los profesionales del campo no tenian ninguna posibilidad de competir con la Senora Cobe, la ex trabajadora de la epoca socialista y ahora gran inspectora, solo ella era considerada competente y aceptada por el Ministerio para liderar proyectos educativos de diseno curricular.

Benedicto defendio valientemente su posicion y no contesto a los requerimientos de la mujer y por tanto la senora inspectora no lo recibio como maestro en la escuela secundaria, donde Benedicto trabajo y donde competiria como titular en el concurso. Podia aceptar y someterse a los avances o podia ser destituido. Por suerte, la mujer se jubilo y Benedicto escapo a ser violado por la Senora Cobe y no tenia vuelta atras, quien sabe de las practicas perversas de la mujer? No es de extranar que nunca la quisiera como maestra tras su jubilacion. Para dar la replica a la inspectora por el tiempo que le quedaba, pero como una verdadera mujer creyente, permanecio con el proverbio “Iros todos al diablo” y todo el mundo la recordaba de vez en cuando.

Las mujeres del Consejo de Administracion del colegio se consolaban con el Sr. Jugueton, un hombre de mas de cincuenta anos, pelo gris, debil, cuando estaban en el programa educativo famoso de Turquia de movilidad “Enmanuel”.

Ellas tuvieron la oportunidad de banarse alli con el hombre, jugueteando alrededor de el, tocandolo.

El senor Stefanus Jugueton, un hombre de naturaleza seria,

balbuceo desesperado –Tengo esposa e hijos- intentando escapar de los ataques no deseados de las mujeres. El professor dijo a todos que la corrupcion es la causa que tenian que soportar con humillacion a su edad, en lugar de trabajar tranquilamente. En la educacion habia categorias; aquellos que habian aprendido a sobornar y que habia alcanzando un buen puesto, tenian un trabajo aburrido aunque tenian unicamente la diversion en la cabeza y los buenos en la profesion que fueron los primeros en ser torturados, burlandose de ellos y que no lograron realizar una actividad didactica.

El Senor Predicado estaba contento de haber escapado del colegio anterior, de los ataques de la senora directora, ahora recien jubilada y de las mujeres de la directiva hambrientas de hombres. Tenia a su disposicion profesores mas jovenes donde, para su trabajo, acepto con todo el dolor de su alma.

Alrededor de los cuarenta anos, pensando .Que epoca habia tocado vivir? A los estudiantes la epoca actual les parecia normal.

En la iglesia el conocio a una directora de otro colegio que le acepto para dar clases a sus alumnos por la tarde, que cualquiera le hubiera aceptado para obtener su diploma de secundaria.

Eran las personas de su generacion las que se adaptaron a la epoca actual, desde que estaban en el jardin de infancia – con el soborno y la humillacion, era comun para ellos- pareciendo totalmente normal el hacerlo. Creian que deberia ser siempre asi, que tambien lo era en todas partes, no concebian una sociedad sin corrupcion y sin compromiso, y como tenian ejemplos de sus hermanos que estas practicas eran lo habitual, que habian logrado en demasiado en su vida, seguian su ejemplo.

-Senor Predicado, es complicado, si tambien queremos ir a rezar como tu a los monasterios, tardariamos demasiado, le comento a sus colegas y profesores.

-Venid si quereis –dijo Benedicto, pensando que las mujeres eran fieles a ello. Accediendo a reunirse con ellas los fines de semana en la estacion de autobuses interurbanos de la urbanizacion.

-Tenemos que salir por la manana, para tener tiempo de orar, mas tarde hay aglomeracion en los autobuses –explico el hombre.

Subio en el vehiculo lleno de pasajeros, hacia mucho calor y no era comodo. “Pero vale la pena el sacrificio”- Benedicto estaba acostumbrado a esto, las mujeres no.

Cuando por fin llegaron, todos estaban emocionados.

El monasterio era un hermoso edificio, recientemente restaurado y estaba muy bien decorado.

-Que bien que este aqui –Dijo Miti, la Senora directora - es un placer admirar este lugar. Descansemos un poco ahora Senor Benedicto,

me gustaria ver el lugar de oracion, excavado en la roca en el condado de Brasov, oi que era santo, milagroso.

-Realmente es un lugar especial –dijo Predicado- usted puede orar en silencio en ese lugar, si el espiritu le conduce a ella, desde la antiguedad, la gente ha utilizado el lugar para dicho proposito y se nota que usted esta alli con su fe. Es algo unico en el mundo.

El grupo entro en la iglesia, para adorar y rezar y cuando todos terminaron se dirigieron al lugar de alojamiento, que estaba dispuesto especialmente para los visitantes y consistian en unas celdas, junto a las de los monjes del monasterio.

En su cocina se cocinaban las frutas y verduras que crecian en el jardin, junto al edificio de la iglesia.

Las mujeres quedaron encantadas con el menu natural proporcionado por los anfitriones, sobre todo porque era algo nuevo para ellas. Pero llego la noche y todos se dirigieron hacia las habitaciones superiores donde iban a pasar la noche.

Benedicto estaba cansado y a punto de colocarse en su cama cuando oyo goles en la puerta y algunas risas en voz baja. Abrio su puerta y con estupor vio que eran sus companeras, las maestras.

Este viaje fue su ultima peregrinacion.

“Uff” –se quejo Benedicto con dolor en su corazon- perdoname Senor, te ruego cuando estoy solo. La espiritualidad y la piedad se quedaron en el interior de los monasterios, pero la mayoria de las personas que los visitaban eran meros turistas, incluso cuando iban a rezar no lo hacian con respeto y con fe. Algunos representantes de la iglesia se habian convertido en acompanantes, teniendo como un simple negocio turistico la peregrinacion. Los lugares de cultos estaban estrechamente vigilados por las empresas de seguridad y si un hombre con fe en el alma queria rezar en un momento determinado, no le estaba permitido entrar.

La oracion es un momento de reverencia, piedad y no puedo vivirla cuando alguien mira mis ojos y me observa con codicia los guardaespaldas que me siguen, con miles de camaras fotograficas alrededor, pero realmente no ofrecen ninguna seguridad, al contrario, ni los falsos creyentes que pretenden ser piadosos, con pensamientos pecaminosos, pero esto es la realidad y hay que tomarlo y evitar caer en la tentacion.

!Perdoname! No voy a entrar en peregrinacion al monasterio, pero no voy a parar, voy a inclinarme ante ti.

 

 Dr. Cornelia Paun Heinzel : “Por un amor, hasta el fin del mundo”

 Dr. Cornelia Paun Heinzel : “Por un amor, hasta el fin del mundo”

(Texto adaptado por Jero Crespí)

Ema entró en la aula oscura y húmeda, encantada por el misterio de las antiguas murallas del edificio, con elementos de arquitectura fascinante, se sentó en el primer banco. Era alumna del segundo curso en la Facultad de Geografía en la Universidad de Bucarest. A su lado, estaba sentado un joven moreno, pequeño, delgado, ojos alargados y mirada brillante.

-¿Puedo? ¿Está libre? –preguntó acento extranjero.

Es el tonto del segundo grupo –pensó Ema – bajó la vista, discretamente. Él es simpático, amable y educado, no como los campesinos nuestros, groseros, del grupo de compañeros.

¡Qué niña bonita! –pensó Naranbaatar mientras miraba a la chica.

El curso de “Geografía de los Recursos Naturales” comenzó.

Los jóvenes estaban atentos a la conferencia del profesor –un anciano simpático, con su voz lenta- a veces cuando fundido una mutua mirada tímida, uno a otro…

Al día siguiente, cuando Ema entró en el aula, Naranbaatar

exclama alegremente:

-Te he guardado un sitio aquí, en el primer banco.

Siempre había peleas por los asientos en las primeras filas, en el anfiteatro donde se llevaron a cabo las clases. La mayoría de los estudiantes llegaban media hora antes, para ocupar asientos de más adelante, para oír mejor las conferencias de los profesores y tomar notas completas, usando las exposiciones escritas en la pizarra.

Ema se sentó alegremente junto a Naranbaatar.

- ¡Gracias! –dijo alegremente.

En los días siguientes, los jóvenes escucharon los cursos

en el primer banco, en asientos contiguos.

El viernes, afuera había una tormenta. Estaba lloviendo con tanta fuerza, que quedaba húmeda hasta la piel.

- ¿Tienes un paraguas? –preguntó Naranbaatar a Ema.

- No, pensé que no iba a llover, hacía una hermosa mañana –dijo Ema.

- Entonces te llevo al hostal. De lo contario te vas a mojar y a resfriar –dijo el estudiante. Y abrió un gran paraguas negro, ofreciéndole el brazo.

Ema lo cogió por el brazo, el viento soplaba fuerte, tratando de arrebatar el paraguas de las manos del joven.

Estaban totalmente mojados. Naranbaatar trató de protegerla tomándola entre sus brazos, pronto llegaron a la residencia y Naranbaatar presentó en la entrada su tarjeta de estudiante.

-No se permite quedarse aquí –dijo severamente el portero - Solo acompaño a la señorita –explicó el joven.

Subieron al segundo piso donde Ema tenía su habitación.

Abrieron la puerta y en el interior había unas chicas que también eran alumnas y cuando vieron a Naranbaatr, sonrieron astutamente.

-No nos has dicho que tenías novio –dijo Andrea, una chica morena y menuda.

- Sí, nosotras te decimos todo lo que hacemos –dijo Alina una muchacha alta y rubia.

-Es mi compañero Naranbaatar –dijo Ema.

-¿Naranbaatar? ¿No eres rumano? –preguntó una pelirroja, pecosa de ojos azules.

-Es de Mongolia, ha venido aquí a estudiar geografía –respondió la chica.

- Entonces me voy –dijo el joven con ganas de marcharse.

-No, no te vayas, queremos hablar un rato más contigo, nos alegramos cuando tenemos invitados. ¿Te gusta Rumanía? –dijo Alina.

-Por supuesto, de lo contrario me habría marchado – dijo Naranbaatar un poco intimidado por las chicas.

-¿Qué te gusta más, el paisaje, la universidad o..?

-O Ema –completó Andrea.

El joven se había puesto colorado.

-Dejadlo tranquilo –espetó Ema a sus compañeras- ¿Por qué le molestáis?

-Estamos bromeando –dijo Andrea -¿Vienes mañana al baile de primer año con nosotras mañana? Te esperamos a las ocho y nos vamos todos juntos.

-Por supuesto –respondió el joven.

El joven se despidió de las chicas y se marchó.

Al día siguiente Naranbaatar llegó puntualmente a la residencia de las chicas.

Las chicas se habían arreglado e iban muy elegantes. El salón de la universidad donde se daba el baile estaba cerca de la casa. El ambiente era estimulante, la alegría de la juventud alcanzó su punto más alto, además con el baile nadie se daba por vencido, Después de los ritmos emocionantes del zorro, Ema invito a bailar a Naranbaatar, bailó con él un blues romántico, sintió sus manos frías con los dedos largos del joven cubriendo las suyas, pequeñas, suaves, como almohadas mullidas, pero su corazón de golpe

se calentó.

Los estudiantes estuvieron bailando toda la noche, si no hubiera habido ningún programa impuesto por el regimen de terminar a la diez, para cualquier diversión en bares, restaurantes y por supuesto en las reuniones del curso y los estudiantes, en eventos organizados. Esta limitación, sin embargo, tienen un completo y totalmente efecto distinto al esperado, los jóvenes continuaron con su particular diversión, eso sí, en secreto, todo parecía más atrativo.

Las chicas mareadas por el baile, invitaron a Naranbaatar

y a otros compañeros, a jugar a cartas el resto de la noche frente a la chimenea de su residencia. El problema más espinoso era que tenían que pagar al portero, porque tenía prohibido permitir el acceso al edificio a los chicos, porque era solo para las muchachas. Lo consiguieron en un momento de descuido del portero y consiguieron reunirse todos, se rieron y se divirtieron jugando a las cartas toda la noche.

Desde ese fin de semana, Ema y Naranbaatar se veían a menudo, salvo en algunas ocasiones, cuando estaban en los días previos a los exámenes. No se cansaba el uno del otro, querían estar juntos todo el tiempo, la única solución para esto era el matrimonio y la idea partió de Ema.

-Si nos casamos, vamos a tener una habitación en la residencia de familias y niños, es gratuita, donada por el Partido Comunista. Estaremos siempre juntos y vamos a tener unas mejores condiciones de vida.

En abril, los jóvenes se casaron oficialmente en el Registro Civil, tuvieron como invitados solo a algunos compañeros de habitación con sus parejas.

Los padres de Naranbaatar no podían ir y la madre de Ema estaba enferma y el trayecto hasta la capital le habría afectado negativamente a su salud.

Después de la ceremonia oficial, los jóvenes invitaron a sus compañeros en un restaurante cerca de la universidad, un menú que incluía chuleta de cerdo con guarnición, un pastel de chocolate y bebida para satisfacer plenamente a los presentes. El vino “Busuioaca de Bohotin”, rosado y aromático creó buen humor y alegría.

-¿Qué vais a hacer el 1 de mayo? Las entradas para el campamentos están de forma gratuita en los hoteles de lujo, con todo en la mesa, estáis aprendiendo bien y estáis recién casados, si os inscribís, seguro que recibiréis las entradas –dijeron los compañeros.

-¡Vamos a inscribirnos todos! –propuso Ema- creo que iremos.

En unos días, cuando lo tuvieron todo acordado, el Rector recibió las invitaciones de los hoteles y los billetes del transporte en tren.

-Quedamos a las diez de la noche en la plataforma junto a la Oficina de Información –dijo Alina –viajaremos juntos.

-¿En qué vagón tenéis los asientos? –preguntó Andrea a Ema y a Naranbaatar.

-En el vagón dos, lugares 92 y 94 –respondió la chica -¿y tú?

-Todos juntos, pero en otro compartimento, tendremos que ver si otros pasajeros nos lo cambian para poder estar juntos durante el camino.

-La operación duró media hora y los estudiantes pudieron estar juntos, así podrían bromear, charlar y divertirse todo el camino.

Por la mañana cuando llegaron a la localidad, se escuchaban los acordes de música al máximo de los equipos de música de los estudiantes, nadie los detenía porque era propio de su edad.

Los cuatro días fueron divertidos, pero tuvieron que volver a la universidad, finalizadas las vacaciones fue necesario regresar. Para unos estudiantes como Ema y Naranbaatar no era algo difícil, habían obtenido unas notas altas en la universidad, en el país habrían tenido un muy buenos puestos de trabajo a través de la división gubernamental, pero Naranbaatar quería regresar a su tierra natal, el Estado le había pagado su educación y formación y se suponía que desarrollaría su trabajo en la estación meteorologica ubicada en una cima de la montaña y también debía ayudar a su familia y a la comunidad con unas tareas específicas.

Llegaron tarde a la cima de la montaña, los rayos amarillos y brillantes del sol se estaban apagando en la inmensidad azul del cielo. Había oscurecido y el cuerno misterioso de la luna anaranjada cubría el cielo.

-Así que voy a vivir aquí de ahora en adelante –dijo Ema soñadora- ¡Qué romántico es! Un lugar de cuento de hadas, el aire limpio, las montañas, zonas verdes, árboles y flores, sin ningún tipo de estrés, por esto la gente vive aquí. Es imposible enfermar, pero por Naranbaatar no me importaría estar en ningún lugar de la tierra, pero no sola.

El aire frío y limpio de la montaña, pasaba profundamente en la cavidad pulmonar y hacía que cualquiera se sintiera lleno de poder, de juventud, como un niño eterno y su amor parecía más limpio y sincero que nunca.

El cielo azul, parecía más azul que en cualquier otro lugar de la tierra, iluminado por el resplandor de la luz de las estrellas y de la luna, todo parecía irreal junto a Naranbaatar, el amor era más intenso que nunca.

Cabalgaron durante horas por el bosque, pero los jóvenes no estaban fatigados en absoluto, empezó a anochecer y tenían que darse prisa en regresar.

Los árboles parecían más oscuros, el cielo torno en color azul oscuro y el aire fresco de la noche se deslizó más nítido.

-Coge mi chaqueta –dijo Naranbaatar- No quiero que cojas frío. Tú eres más sensible, yo soy un hombre de la montaña y soy fuerte.

-Yo también soy de las montañas, soy de Brasov –dijo Ema.

-En efecto, pero en la ciudad y no en la cima de la montaña,

no en los picos de Mongolia, aquí el clima es más áspero, Brasov es la depresión, queda poco, llegaremos en seguida –explicó el hombre.

Cuando vieron la primera casa ya era noche cerrada, solo se veían luces en la cocina, donde todo el mundo se había reunido para cenar.

-¡Naranbaatar, por fin has llegado! –dijo la gente cuando lo vieron y corrieron a besarlo y abrazarlo.

Solo más tarde se dieron que no estaba solo, miraban de forma extraña a la mujer joven, rubia y delgada con el pelo cortado como un chico.

-Es mi mujer –dijo Naranbaatar –vamos a vivir aquí con vosotros de ahora en adelante.

-Pero, la vida aquí es muy dura y ¿una mujer delicada como ella podrá vivir en las condiciones que tenemos aquí? –dijo una mujer mayor.

-Soy fuerte y dura –dijo Ema- no tengo miedo a nada, puedo hacerle frente, solo para estar con Naranbaatar.

-Vamos a la mesa –invitó la gente.

Los jóvenes tomaron sus asientos, los platos eran polenta, cuajada, queso y yogur, tenían tanta hambre por el camino recorrido que la comida les pareció increíblemente buena. En Rumanía el queso había desaparecido por complete del mercado y ya no podía comerse desde hacía tiempo.

-¡Que deliciosa está la cuajada! –Exclamó Ema encantada.

-Es de cabra, solo se alimentan de la vegetación de la montaña limpia.

-Hoy vais a dormir con nosotros en la habitación –dijo el padre de Naranbaatar, Batzorig- no sabíamos que vendríais, mañana vamos a preparar la habitación en la buhardilla.

Allí se quedaba Naranbaatar antes de ir a la Universidad

en Rumanía.

Ahora está llena de polvo y telarañas, sin embargo mañana la limpiaremos y será vuestra vivienda.

Ema pensó que nunca había dormido con tanta gente en una misma habitación, además de los padres de su marido estaban las hermanas, Altantsetseg, Bayarmaa, Bolormaa, Khongordzol y sus hermanos Chuluun y Batu En el dormitorio de la Universidad dormían cuatro en la habitación, pero ni siquiera diez. A Ema esto le pareció muy interesante, único, romántico, como en una película, en la cual ella era la protagonista.

Al día siguiente todavía era de noche cuando todo el mundo estaba despierto, cada hombre trabajaba afanosamente y las mujeres daban de comer a los animales.

-¿Qué miras? –dijo una de las mujeres –debes trabajar, aquí en la montaña la vida es dura, no como en la ciudad.

Si quieres a Naranbaatar debes ser como nosotros. Ema miro con cuidado como realizaban las mujeres el trabajo, ella era torpe, había vivido toda su vida en la ciudad y su madre no le daba trabajos de casa. “Toma y aprende, hazte maestra” –siempre le decía su madre- “Yo lo hare todo en la casa, tú debes aprender bien en la escuela”.

Ema era muy buena estudiante en la universidad, aprendía concienzudamente lo que tenía que hacer, incluso si era muy difícil con los animales, ella no había tenido nunca animales cerca y no sabía cómo comportarse con ellas, no estaba acostumbrada al trabajo físico regular y se cansaba rápidamente.

-¿Ya no puedes? –le preguntó con autoridad una mujer de edad similar.

-Con ella, con Nergal se debía haber casado Naranbaatar –explicó Oyunbileg, la madre del joven, pero él no oyó el comentario.

Ema miraba a la mujer y pensó que era un poco fea, pequeña y gorda.

“Tampoco parce demasiado inteligente” –pensó Ema estudiándola con atención.

Parecía como si la mujer le hubiera leído sus pensamientos.

-Soy una de las más trabajadoras de nuestro grupo, ninguna puede darse más prisa en cuidar a los animales o limpiar y cocinar –continuó ella.

“Eso es algo que puedo hacer muy bien” pensó Ema. Pero, ¿Por qué aprendí tanto en la universidad? Necesito hablar con Naranbaatar.

-Pero, ¿Dónde está mi marido? –preguntó a las mujeres.

- Jajaja, está lejos, se fue con los hombres a la montaña con las ovejas y las cabras –respondió la madre de Naranbaatar-

Allí está la estación meteorológica donde trabaja.

Cuando llegó el almuerzo, Ema estaba débil de hambre y del cansancio.

Las mujeres pusieron una olla de agua a hervir, espolvorearon un poco de sal en ella y a continuación añadieron el maíz, rápidamente se hizo una polenta de color oro, que la dejaron sobre un círculo de madera.

Oyunbileg trajo un vaso de leche y un plato con queso y cuajada.

Que delicioso le pareció a Ema, había trabajado tanto que hubiera comido cualquier cosa, después de llenarse, quiso descansar, admirar la naturaleza y ver las vistas encantadoras desde la altura.

-Debemos continuar nuestro trabajo –dijo Nergal- tenemos muchas cosas más que hacer hasta el anochecer. Y Ema para demostrar que era una buena esposa para Naranbaatar, continuaba con las actividades en curso, con mucho trabajo, cuando el sol desapareció entre las cimas de las montañas y el cielo oscuro, la joven era agotada. No se había servido la cena y se fue directamente a la habitación del ático, que había conseguido organizarla en el trascurso del día. Entendió que Naranbaatar y los hombres se perdieron durante una época en las montañas con las ovejas y las cabras.

Por la mañana sospechó que podía estar embarazada y lo confirmaba día a día. “Por eso estoy tan cansada y no puedo comer cualquier cosa, tengo que esperar para darle la noticia a Naranbaatar”-pensó Ema. “Y estar segura de esto, si yo estuviera aquí en otra época, creo que en Antigua Dacia llevaría una vida similar a la de ahora, volví unos siglos atrás, a la mejor en la estación meteorological del pico, sería diferente y seguro con Naranbaatar”.

Los próximos días eran siempre igual, Ema empezó a echar en falta a Naranbaatar, a su madre, a la gente y los lugares cercanos que le eran conocidos, el ajetreo de la capital y su ciudad natal, echaba de menos los ritmos, los edificios, su madre le había dicho que era difícil estar entre extraños y que el amor por su marido no sería suficiente. “No escuche su palabra y ahora la sufro” –pensaba Ema- “no sé cómo voy a sobrevivir aquí”. Su madre le puso el ejemplo de una hija de un conocido que se había casado con un estudiante árabe, compañero de estudios, ella le dijo que cuando llegaron juntos a su país, después de la graduación, la vendió por un camello, sin embargo Naranbaatar, no haría eso –pensó ella- pero estas mujeres no sabía si la venderían por una cabra, de Mongolia.

Los hombres regresaron al cabo de cuatro meses, una noche escucharon fuertes ladridos de perros y campanas de ovejas y cabras.

Ema fue a saludar con alegría a Naranbaatar, el embarazo ya era visible.

-Pero, ¿Qué pasó? ¿Estás embarazada? Y yo sin saberlo –dijo encantado por la noticia Naranbaatar.

Esa noche estuvo feliz, como lo fueron todas las que siguieron en su matrimonio, porque estaban juntos.

Por la mañana, Ema se levantó temprano para trabajar como de costumbre.

-Pero, ¿qué haces? –Preguntó Naranbaatar- tienes que cuidarte, no vas a trabajar hasta que hayas dado a luz.

-Pero me aburro si no hago nada –dijo Ema- He aprendido aquí tanto, quiero ser útil.

- Vas a enseñar a los niños de nuestro grupo de gente –dijo Naranbaatar- ellos también quieren aprender a escribir y a calcular.

Este trabajo con los niños, le gustó mucho a Ema, Nergal de vez en cuando la miraba con envidia, pero ahora Naranbaatar estaba con ella y ahora podía estar por encima de todos.

Por la tarde salió con Naranbaatar a dar un paseo y mirar los grandes paisajes que tenían a su alrededor, la llevó a una cascada de agua fría, que goteaba rápidamente en las paredes rocosas de la montaña, eran lugares donde jugaba cuando era pequeño, los árboles y las plantas llenaban las áreas de la montaña, parecía sacado de un cuento de hadas, y la vida para Ema parecía un sueño agradable, pero llegó el día que empezaron los dolores de parto.

Naranbaatar quería llevarla al pueblo pero ya era demasiado tarde.

-Todas hemos dado luz aquí, solas, en la casa y no ha habido ningún problema, y no habrá ninguno con Ema – dijo Nergal.

Ema ya no oía nada, tenía un gran dolor, ningún pensamiento

que pudiese resistir a tal sufrimiento. Aunque era una mujer fuerte que luchaba con todo el peso La alegría del nacimiento de su hijo hizo que lo olvidase todo, era una madre feliz y Naranbaatar estaba tan orgulloso, tenía un hijo que se parecía muchísimo.

Los días felices eran pocos, Naranbaatar se marchó de nuevo con los hombres una vez más.

-Voy a ir contigo, quiero ver la estación meteorológica, quiero trabajar allí también –dijo Ema.

-A partir de ahora debes cuidar del bebé –le dijo Naranbaatar.

Ema entendió que esa sería su vida a partir de ahora.

Pasaron rápidamente cinco años y Ema tenía la sensación que ella desde toda la vida estaba allí, y que el resto de su vida había sido un sueño, un sueño al que quería volver de nuevo. Especialmente por su hijo Temujin, ¿Qué futuro podría ofrecerle si permanecían allí, en las cimas salvajes de las montañas? No podía resistir, tenía que dejar ese lugar cuanto antes posible, incluso si no volvía a ver nunca más a Naranbaatar, a quien amaba tanto como al principio, estaba esperando que se hiciese de noche para coger a Temujin, coger el paquete con ropa, algo de comida y salir a la carretera, ya había aprendido cual era la ruta de descenso, ella podía hacer el viaje con los ojos cerrados, pero tenía que llegar por la mañana al pueblo. El único problema eran los animales del bosque, no tenía ningún arma para defenderse de ellos, en la oscuridad sus gritos parecían espeluznantes. Pero Ema corría bastante rápido, el niño lo tiro todo, era pequeño y caminaba a pequeños pasos, incluso comenzó a lloriquear.

-Pero, ¿Dónde vamos mamá tan rápido? –preguntó el niño.

-Ya lo verás –le dijo ella, tirando de él hacia abajo –pero cállate, los animales salvajes nos oirán y nos atacarán, ¿quieres que nos coman los lobos?

El niño empezó a llorar más fuerte, realmente asustado, vio lo que ocurrió una vez cuando entraron los lobos en el gallinero y los estragos que hicieron, se comieron ovejas y cabras e incluso los perros pastores les tenían miedo.

Llegaron a la aldea al amanecer, en el camino un campesino había dejado un carro lleno de heno y Ema y el niño se escondieron entra la paja apilada.

Todavía era de noche cuando el hombre entro en el camino

que llevaba a la estación de tren.

En la estación, Ema busco los trenes que salían de la ciudad, solo había uno, con productos derivados del petróleo, sin embargo no eran apropiados para el trasporte debido a la forma de los tanques, era preferible lo que transportaban grano, por último encontró vagones con trigo, en ellos podrían esconderse con facilidad sin que nadie los viese, pero el viento penetraba a través de la carreta y a disipar el trigo de los ojos, Temujin empezó a llorar de nuevo, pero el viaje no duró mucho tiempo.

La ciudad estaba cerca, cuando el tren se detuvo, se acabó su calvario, bajaron del tren sin ser vistos.

-¿Dónde está el puerto? –preguntó Ema al primer hombre que se cruzó en su camino.

El hombre le explicó cómo llegar allí.

En el puerto había un viejo barco ruso dispuesto para zarpar, Ema subió y se encontró con un hombre gigante, con figura redonda y la cara roja.

-Señor, ¿nos puede llevar en el barco? –preguntó Ema.

-¿Para ir donde?-dijo el hombre.

-A Rumanía, tengo dinero y una botella de alcohol.

El hombre miraba con antojo la botella, Ema entendió y se las arregló para ganar.

-Ven rápido, que no os vea nadie de la tripulación.

Y los llevó junto a los contenedores de transporte de mercancía, estaban llenos de naranjas, aquí pasareis los próximos días, pero nadie tiene que saberlo, debéis permanecer en silencio –dijo el hombre, retorciendo el bigote, tenían comida, naranjas en abundancia, el agua era el problema, pero debían resistir, Ema trato de dejar más agua para el niño, después de dos días, estaba débil por la sed.

“Creo que no aguantaré mucho más” –pensó ella- “moriré sin lugar a dudas, pero ¿qué pasará con el niño?”, trató de dormirse y pensó que si cerraba los ojos no volvería a despertar.

De repente, la puerta del contenedor se abrió y el hombre que la había ayudado a viajar entro lentamente, traía una botella de agua fría y pan.

-No pude traer nada más –dijo el hombre- debo regresar inmediatamente, no sea que alguien sospeche, no quiero crear problemas sino también los tendría yo si se enteran que os ayudé.

-Muchas gracias –exclamó Ema en voz baja- cogió la botella de agua y empezó a beber con avidez, como si fuera una poción mágica dándole la vida, aunque en realidad no era así.

La joven se recuperó inmediatamente, durante los siguientes días, el marinero siempre les llevaba agua, se las

arregló incluso para reunir algo de comida sobrante y se la llevó a Ema y al niño.

Llegó el día en que el hombre les trajo la noticia de que llegaba el buque a puerto, Ema respiró animada, el miedo y el calvario que había pasado había terminado, aquí en su patria se sentía segura y que nada malo le podía suceder, estaba de vuelta a la civilización, llegó finalmente al país.

“Estar en casa es lo mejor” –pensó Ema, mientras observaba

feliz al niño.

-Lo bueno es que ahora estoy tranquila –dijo la madre de Ema- estaba preocupada por ti todo el tiempo, me preguntaba si estabas bien, si te había pasado algo, si algún día volvería a verte o si llegaría el día de conocer a mi nieto

 

Epílogo

Era una mujer orgullosa, Ema nunca dijo a nadie lo que había pasado en las montañas de Mongolia.

-Tengo que ir a la escuela, hoy viene alguien de la inspección del control de la escuela, seguramente estaré allí todo el día.

- No te preocupes, yo me cuido solo mamá –dijo Temujin- hay suficiente comida en la nevera. ¿Debo de hacer algo ahora que serás la directora de la escuela?

-No, puedo yo sola, ya sabes que las inspecciones de control, se realizan por lo general, cuando se acerca la Fiesta del Cordero de Pascua, para controlar los pasteles, solucionarlo todo, como siempre –dijo Ema. Pensó, en lo profesional, hizo lo que quería, ser profesora de geografía en una escuela cercana a casa, o mejor dicho, la habían nombrado directora. “El trabajo de los años que trabaje para la Seguridad, desde que regresé al país no fue en vano, fue una de las condiciones para ser propuesta y Temujin es mi alegría, el también hizo carrera, más fácil ahora que en mi tiempo, ahora las plazas no son limitadas en los colegios y en las universidades acceden muchos, yo lo puedo ayudar con el trabajo, tiene un puesto de informático en mi escuela, que puedo decir, soy una mujer feliz. Encontré el verdadero amor de mi vida, encontré a mi alma gemela, pocas personas tienen esa suerte de encontrar la felicidad.

Tal vez por eso no quiera a ningún otro hombre en mi vida.

No querría que me decepcionase. Todo el tiempo lo hubiera

comparado con Naranbaatar, y no hubiera sido feliz ni yo ni mi pareja. Así, sola con mis recuerdos, todo parece perfecto y Temujin se parece demasiado a Naranbaatar, a menudo creo que es él. De todos modos, con el trabajo y los problemas de la escuela, no tengo tiempo para pensar, aquí en casa, es el lugar donde más a gusto estoy, tengo todas las comodidades, puedo comprar casi cualquier cosa y vivir con el aire de las montañas en Brasov. Puedo viajar al extranjero en cualquier momento, los viajes al extranjero son baratos, pero después de la aventura vivida, no deseo cruzar las fronteras de mi país –pensó Ema, soñadora y feliz.

Dra. Cornelia PAÚN

(Rumanía)

  

Dr. Cornelia Paun Heinzel : “Por un amor, hasta el fin del mundo”

(Texto adaptado por Jero Crespí)

Ema entró en la aula oscura y húmeda, encantada por el misterio de las antiguas murallas del edificio, con elementos de arquitectura fascinante, se sentó en el primer banco. Era alumna del segundo curso en la Facultad de Geografía en la Universidad de Bucarest. A su lado, estaba sentado un joven moreno, pequeño, delgado, ojos alargados y mirada brillante.

-¿Puedo? ¿Está libre? –preguntó acento extranjero.

Es el tonto del segundo grupo –pensó Ema – bajó la vista, discretamente. Él es simpático, amable y educado, no como los campesinos nuestros, groseros, del grupo de compañeros.

¡Qué niña bonita! –pensó Naranbaatar mientras miraba a la chica.

El curso de “Geografía de los Recursos Naturales” comenzó.

Los jóvenes estaban atentos a la conferencia del profesor –un anciano simpático, con su voz lenta- a veces cuando fundido una mutua mirada tímida, uno a otro…

Al día siguiente, cuando Ema entró en el aula, Naranbaatar

exclama alegremente:

-Te he guardado un sitio aquí, en el primer banco.

Siempre había peleas por los asientos en las primeras filas, en el anfiteatro donde se llevaron a cabo las clases. La mayoría de los estudiantes llegaban media hora antes, para ocupar asientos de más adelante, para oír mejor las conferencias de los profesores y tomar notas completas, usando las exposiciones escritas en la pizarra.

Ema se sentó alegremente junto a Naranbaatar.

- ¡Gracias! –dijo alegremente.

En los días siguientes, los jóvenes escucharon los cursos

en el primer banco, en asientos contiguos.

El viernes, afuera había una tormenta. Estaba lloviendo con tanta fuerza, que quedaba húmeda hasta la piel.

- ¿Tienes un paraguas? –preguntó Naranbaatar a Ema.

- No, pensé que no iba a llover, hacía una hermosa mañana –dijo Ema.

- Entonces te llevo al hostal. De lo contario te vas a mojar y a resfriar –dijo el estudiante. Y abrió un gran paraguas negro, ofreciéndole el brazo.

Ema lo cogió por el brazo, el viento soplaba fuerte, tratando de arrebatar el paraguas de las manos del joven.

Estaban totalmente mojados. Naranbaatar trató de protegerla tomándola entre sus brazos, pronto llegaron a la residencia y Naranbaatar presentó en la entrada su tarjeta de estudiante.

-No se permite quedarse aquí –dijo severamente el portero - Solo acompaño a la señorita –explicó el joven.

Subieron al segundo piso donde Ema tenía su habitación.

Abrieron la puerta y en el interior había unas chicas que también eran alumnas y cuando vieron a Naranbaatr, sonrieron astutamente.

-No nos has dicho que tenías novio –dijo Andrea, una chica morena y menuda.

- Sí, nosotras te decimos todo lo que hacemos –dijo Alina una muchacha alta y rubia.

-Es mi compañero Naranbaatar –dijo Ema.

-¿Naranbaatar? ¿No eres rumano? –preguntó una pelirroja, pecosa de ojos azules.

-Es de Mongolia, ha venido aquí a estudiar geografía –respondió la chica.

- Entonces me voy –dijo el joven con ganas de marcharse.

-No, no te vayas, queremos hablar un rato más contigo, nos alegramos cuando tenemos invitados. ¿Te gusta Rumanía? –dijo Alina.

-Por supuesto, de lo contrario me habría marchado – dijo Naranbaatar un poco intimidado por las chicas.

-¿Qué te gusta más, el paisaje, la universidad o..?

-O Ema –completó Andrea.

El joven se había puesto colorado.

-Dejadlo tranquilo –espetó Ema a sus compañeras- ¿Por qué le molestáis?

-Estamos bromeando –dijo Andrea -¿Vienes mañana al baile de primer año con nosotras mañana? Te esperamos a las ocho y nos vamos todos juntos.

-Por supuesto –respondió el joven.

El joven se despidió de las chicas y se marchó.

Al día siguiente Naranbaatar llegó puntualmente a la residencia de las chicas.

Las chicas se habían arreglado e iban muy elegantes. El salón de la universidad donde se daba el baile estaba cerca de la casa. El ambiente era estimulante, la alegría de la juventud alcanzó su punto más alto, además con el baile nadie se daba por vencido, Después de los ritmos emocionantes del zorro, Ema invito a bailar a Naranbaatar, bailó con él un blues romántico, sintió sus manos frías con los dedos largos del joven cubriendo las suyas, pequeñas, suaves, como almohadas mullidas, pero su corazón de golpe

se calentó.

Los estudiantes estuvieron bailando toda la noche, si no hubiera habido ningún programa impuesto por el regimen de terminar a la diez, para cualquier diversión en bares, restaurantes y por supuesto en las reuniones del curso y los estudiantes, en eventos organizados. Esta limitación, sin embargo, tienen un completo y totalmente efecto distinto al esperado, los jóvenes continuaron con su particular diversión, eso sí, en secreto, todo parecía más atrativo.

Las chicas mareadas por el baile, invitaron a Naranbaatar

y a otros compañeros, a jugar a cartas el resto de la noche frente a la chimenea de su residencia. El problema más espinoso era que tenían que pagar al portero, porque tenía prohibido permitir el acceso al edificio a los chicos, porque era solo para las muchachas. Lo consiguieron en un momento de descuido del portero y consiguieron reunirse todos, se rieron y se divirtieron jugando a las cartas toda la noche.

Desde ese fin de semana, Ema y Naranbaatar se veían a menudo, salvo en algunas ocasiones, cuando estaban en los días previos a los exámenes. No se cansaba el uno del otro, querían estar juntos todo el tiempo, la única solución para esto era el matrimonio y la idea partió de Ema.

-Si nos casamos, vamos a tener una habitación en la residencia de familias y niños, es gratuita, donada por el Partido Comunista. Estaremos siempre juntos y vamos a tener unas mejores condiciones de vida.

En abril, los jóvenes se casaron oficialmente en el Registro Civil, tuvieron como invitados solo a algunos compañeros de habitación con sus parejas.

Los padres de Naranbaatar no podían ir y la madre de Ema estaba enferma y el trayecto hasta la capital le habría afectado negativamente a su salud.

Después de la ceremonia oficial, los jóvenes invitaron a sus compañeros en un restaurante cerca de la universidad, un menú que incluía chuleta de cerdo con guarnición, un pastel de chocolate y bebida para satisfacer plenamente a los presentes. El vino “Busuioaca de Bohotin”, rosado y aromático creó buen humor y alegría.

-¿Qué vais a hacer el 1 de mayo? Las entradas para el campamentos están de forma gratuita en los hoteles de lujo, con todo en la mesa, estáis aprendiendo bien y estáis recién casados, si os inscribís, seguro que recibiréis las entradas –dijeron los compañeros.

-¡Vamos a inscribirnos todos! –propuso Ema- creo que iremos.

En unos días, cuando lo tuvieron todo acordado, el Rector recibió las invitaciones de los hoteles y los billetes del transporte en tren.

-Quedamos a las diez de la noche en la plataforma junto a la Oficina de Información –dijo Alina –viajaremos juntos.

-¿En qué vagón tenéis los asientos? –preguntó Andrea a Ema y a Naranbaatar.

-En el vagón dos, lugares 92 y 94 –respondió la chica -¿y tú?

-Todos juntos, pero en otro compartimento, tendremos que ver si otros pasajeros nos lo cambian para poder estar juntos durante el camino.

-La operación duró media hora y los estudiantes pudieron estar juntos, así podrían bromear, charlar y divertirse todo el camino.

Por la mañana cuando llegaron a la localidad, se escuchaban los acordes de música al máximo de los equipos de música de los estudiantes, nadie los detenía porque era propio de su edad.

Los cuatro días fueron divertidos, pero tuvieron que volver a la universidad, finalizadas las vacaciones fue necesario regresar. Para unos estudiantes como Ema y Naranbaatar no era algo difícil, habían obtenido unas notas altas en la universidad, en el país habrían tenido un muy buenos puestos de trabajo a través de la división gubernamental, pero Naranbaatar quería regresar a su tierra natal, el Estado le había pagado su educación y formación y se suponía que desarrollaría su trabajo en la estación meteorologica ubicada en una cima de la montaña y también debía ayudar a su familia y a la comunidad con unas tareas específicas.

Llegaron tarde a la cima de la montaña, los rayos amarillos y brillantes del sol se estaban apagando en la inmensidad azul del cielo. Había oscurecido y el cuerno misterioso de la luna anaranjada cubría el cielo.

-Así que voy a vivir aquí de ahora en adelante –dijo Ema soñadora- ¡Qué romántico es! Un lugar de cuento de hadas, el aire limpio, las montañas, zonas verdes, árboles y flores, sin ningún tipo de estrés, por esto la gente vive aquí. Es imposible enfermar, pero por Naranbaatar no me importaría estar en ningún lugar de la tierra, pero no sola.

El aire frío y limpio de la montaña, pasaba profundamente en la cavidad pulmonar y hacía que cualquiera se sintiera lleno de poder, de juventud, como un niño eterno y su amor parecía más limpio y sincero que nunca.

El cielo azul, parecía más azul que en cualquier otro lugar de la tierra, iluminado por el resplandor de la luz de las estrellas y de la luna, todo parecía irreal junto a Naranbaatar, el amor era más intenso que nunca.

Cabalgaron durante horas por el bosque, pero los jóvenes no estaban fatigados en absoluto, empezó a anochecer y tenían que darse prisa en regresar.

Los árboles parecían más oscuros, el cielo torno en color azul oscuro y el aire fresco de la noche se deslizó más nítido.

-Coge mi chaqueta –dijo Naranbaatar- No quiero que cojas frío. Tú eres más sensible, yo soy un hombre de la montaña y soy fuerte.

-Yo también soy de las montañas, soy de Brasov –dijo Ema.

-En efecto, pero en la ciudad y no en la cima de la montaña,

no en los picos de Mongolia, aquí el clima es más áspero, Brasov es la depresión, queda poco, llegaremos en seguida –explicó el hombre.

Cuando vieron la primera casa ya era noche cerrada, solo se veían luces en la cocina, donde todo el mundo se había reunido para cenar.

-¡Naranbaatar, por fin has llegado! –dijo la gente cuando lo vieron y corrieron a besarlo y abrazarlo.

Solo más tarde se dieron que no estaba solo, miraban de forma extraña a la mujer joven, rubia y delgada con el pelo cortado como un chico.

-Es mi mujer –dijo Naranbaatar –vamos a vivir aquí con vosotros de ahora en adelante.

-Pero, la vida aquí es muy dura y ¿una mujer delicada como ella podrá vivir en las condiciones que tenemos aquí? –dijo una mujer mayor.

-Soy fuerte y dura –dijo Ema- no tengo miedo a nada, puedo hacerle frente, solo para estar con Naranbaatar.

-Vamos a la mesa –invitó la gente.

Los jóvenes tomaron sus asientos, los platos eran polenta, cuajada, queso y yogur, tenían tanta hambre por el camino recorrido que la comida les pareció increíblemente buena. En Rumanía el queso había desaparecido por complete del mercado y ya no podía comerse desde hacía tiempo.

-¡Que deliciosa está la cuajada! –Exclamó Ema encantada.

-Es de cabra, solo se alimentan de la vegetación de la montaña limpia.

-Hoy vais a dormir con nosotros en la habitación –dijo el padre de Naranbaatar, Batzorig- no sabíamos que vendríais, mañana vamos a preparar la habitación en la buhardilla.

Allí se quedaba Naranbaatar antes de ir a la Universidad

en Rumanía.

Ahora está llena de polvo y telarañas, sin embargo mañana la limpiaremos y será vuestra vivienda.

Ema pensó que nunca había dormido con tanta gente en una misma habitación, además de los padres de su marido estaban las hermanas, Altantsetseg, Bayarmaa, Bolormaa, Khongordzol y sus hermanos Chuluun y Batu En el dormitorio de la Universidad dormían cuatro en la habitación, pero ni siquiera diez. A Ema esto le pareció muy interesante, único, romántico, como en una película, en la cual ella era la protagonista.

Al día siguiente todavía era de noche cuando todo el mundo estaba despierto, cada hombre trabajaba afanosamente y las mujeres daban de comer a los animales.

-¿Qué miras? –dijo una de las mujeres –debes trabajar, aquí en la montaña la vida es dura, no como en la ciudad.

Si quieres a Naranbaatar debes ser como nosotros. Ema miro con cuidado como realizaban las mujeres el trabajo, ella era torpe, había vivido toda su vida en la ciudad y su madre no le daba trabajos de casa. “Toma y aprende, hazte maestra” –siempre le decía su madre- “Yo lo hare todo en la casa, tú debes aprender bien en la escuela”.

Ema era muy buena estudiante en la universidad, aprendía concienzudamente lo que tenía que hacer, incluso si era muy difícil con los animales, ella no había tenido nunca animales cerca y no sabía cómo comportarse con ellas, no estaba acostumbrada al trabajo físico regular y se cansaba rápidamente.

-¿Ya no puedes? –le preguntó con autoridad una mujer de edad similar.

-Con ella, con Nergal se debía haber casado Naranbaatar –explicó Oyunbileg, la madre del joven, pero él no oyó el comentario.

Ema miraba a la mujer y pensó que era un poco fea, pequeña y gorda.

“Tampoco parce demasiado inteligente” –pensó Ema estudiándola con atención.

Parecía como si la mujer le hubiera leído sus pensamientos.

-Soy una de las más trabajadoras de nuestro grupo, ninguna puede darse más prisa en cuidar a los animales o limpiar y cocinar –continuó ella.

“Eso es algo que puedo hacer muy bien” pensó Ema. Pero, ¿Por qué aprendí tanto en la universidad? Necesito hablar con Naranbaatar.

-Pero, ¿Dónde está mi marido? –preguntó a las mujeres.

- Jajaja, está lejos, se fue con los hombres a la montaña con las ovejas y las cabras –respondió la madre de Naranbaatar-

Allí está la estación meteorológica donde trabaja.

Cuando llegó el almuerzo, Ema estaba débil de hambre y del cansancio.

Las mujeres pusieron una olla de agua a hervir, espolvorearon un poco de sal en ella y a continuación añadieron el maíz, rápidamente se hizo una polenta de color oro, que la dejaron sobre un círculo de madera.

Oyunbileg trajo un vaso de leche y un plato con queso y cuajada.

Que delicioso le pareció a Ema, había trabajado tanto que hubiera comido cualquier cosa, después de llenarse, quiso descansar, admirar la naturaleza y ver las vistas encantadoras desde la altura.

-Debemos continuar nuestro trabajo –dijo Nergal- tenemos muchas cosas más que hacer hasta el anochecer. Y Ema para demostrar que era una buena esposa para Naranbaatar, continuaba con las actividades en curso, con mucho trabajo, cuando el sol desapareció entre las cimas de las montañas y el cielo oscuro, la joven era agotada. No se había servido la cena y se fue directamente a la habitación del ático, que había conseguido organizarla en el trascurso del día. Entendió que Naranbaatar y los hombres se perdieron durante una época en las montañas con las ovejas y las cabras.

Por la mañana sospechó que podía estar embarazada y lo confirmaba día a día. “Por eso estoy tan cansada y no puedo comer cualquier cosa, tengo que esperar para darle la noticia a Naranbaatar”-pensó Ema. “Y estar segura de esto, si yo estuviera aquí en otra época, creo que en Antigua Dacia llevaría una vida similar a la de ahora, volví unos siglos atrás, a la mejor en la estación meteorological del pico, sería diferente y seguro con Naranbaatar”.

Los próximos días eran siempre igual, Ema empezó a echar en falta a Naranbaatar, a su madre, a la gente y los lugares cercanos que le eran conocidos, el ajetreo de la capital y su ciudad natal, echaba de menos los ritmos, los edificios, su madre le había dicho que era difícil estar entre extraños y que el amor por su marido no sería suficiente. “No escuche su palabra y ahora la sufro” –pensaba Ema- “no sé cómo voy a sobrevivir aquí”. Su madre le puso el ejemplo de una hija de un conocido que se había casado con un estudiante árabe, compañero de estudios, ella le dijo que cuando llegaron juntos a su país, después de la graduación, la vendió por un camello, sin embargo Naranbaatar, no haría eso –pensó ella- pero estas mujeres no sabía si la venderían por una cabra, de Mongolia.

Los hombres regresaron al cabo de cuatro meses, una noche escucharon fuertes ladridos de perros y campanas de ovejas y cabras.

Ema fue a saludar con alegría a Naranbaatar, el embarazo ya era visible.

-Pero, ¿Qué pasó? ¿Estás embarazada? Y yo sin saberlo –dijo encantado por la noticia Naranbaatar.

Esa noche estuvo feliz, como lo fueron todas las que siguieron en su matrimonio, porque estaban juntos.

Por la mañana, Ema se levantó temprano para trabajar como de costumbre.

-Pero, ¿qué haces? –Preguntó Naranbaatar- tienes que cuidarte, no vas a trabajar hasta que hayas dado a luz.

-Pero me aburro si no hago nada –dijo Ema- He aprendido aquí tanto, quiero ser útil.

- Vas a enseñar a los niños de nuestro grupo de gente –dijo Naranbaatar- ellos también quieren aprender a escribir y a calcular.

Este trabajo con los niños, le gustó mucho a Ema, Nergal de vez en cuando la miraba con envidia, pero ahora Naranbaatar estaba con ella y ahora podía estar por encima de todos.

Por la tarde salió con Naranbaatar a dar un paseo y mirar los grandes paisajes que tenían a su alrededor, la llevó a una cascada de agua fría, que goteaba rápidamente en las paredes rocosas de la montaña, eran lugares donde jugaba cuando era pequeño, los árboles y las plantas llenaban las áreas de la montaña, parecía sacado de un cuento de hadas, y la vida para Ema parecía un sueño agradable, pero llegó el día que empezaron los dolores de parto.

Naranbaatar quería llevarla al pueblo pero ya era demasiado tarde.

-Todas hemos dado luz aquí, solas, en la casa y no ha habido ningún problema, y no habrá ninguno con Ema – dijo Nergal.

Ema ya no oía nada, tenía un gran dolor, ningún pensamiento

que pudiese resistir a tal sufrimiento. Aunque era una mujer fuerte que luchaba con todo el peso La alegría del nacimiento de su hijo hizo que lo olvidase todo, era una madre feliz y Naranbaatar estaba tan orgulloso, tenía un hijo que se parecía muchísimo.

Los días felices eran pocos, Naranbaatar se marchó de nuevo con los hombres una vez más.

-Voy a ir contigo, quiero ver la estación meteorológica, quiero trabajar allí también –dijo Ema.

-A partir de ahora debes cuidar del bebé –le dijo Naranbaatar.

Ema entendió que esa sería su vida a partir de ahora.

Pasaron rápidamente cinco años y Ema tenía la sensación que ella desde toda la vida estaba allí, y que el resto de su vida había sido un sueño, un sueño al que quería volver de nuevo. Especialmente por su hijo Temujin, ¿Qué futuro podría ofrecerle si permanecían allí, en las cimas salvajes de las montañas? No podía resistir, tenía que dejar ese lugar cuanto antes posible, incluso si no volvía a ver nunca más a Naranbaatar, a quien amaba tanto como al principio, estaba esperando que se hiciese de noche para coger a Temujin, coger el paquete con ropa, algo de comida y salir a la carretera, ya había aprendido cual era la ruta de descenso, ella podía hacer el viaje con los ojos cerrados, pero tenía que llegar por la mañana al pueblo. El único problema eran los animales del bosque, no tenía ningún arma para defenderse de ellos, en la oscuridad sus gritos parecían espeluznantes. Pero Ema corría bastante rápido, el niño lo tiro todo, era pequeño y caminaba a pequeños pasos, incluso comenzó a lloriquear.

-Pero, ¿Dónde vamos mamá tan rápido? –preguntó el niño.

-Ya lo verás –le dijo ella, tirando de él hacia abajo –pero cállate, los animales salvajes nos oirán y nos atacarán, ¿quieres que nos coman los lobos?

El niño empezó a llorar más fuerte, realmente asustado, vio lo que ocurrió una vez cuando entraron los lobos en el gallinero y los estragos que hicieron, se comieron ovejas y cabras e incluso los perros pastores les tenían miedo.

Llegaron a la aldea al amanecer, en el camino un campesino había dejado un carro lleno de heno y Ema y el niño se escondieron entra la paja apilada.

Todavía era de noche cuando el hombre entro en el camino

que llevaba a la estación de tren.

En la estación, Ema busco los trenes que salían de la ciudad, solo había uno, con productos derivados del petróleo, sin embargo no eran apropiados para el trasporte debido a la forma de los tanques, era preferible lo que transportaban grano, por último encontró vagones con trigo, en ellos podrían esconderse con facilidad sin que nadie los viese, pero el viento penetraba a través de la carreta y a disipar el trigo de los ojos, Temujin empezó a llorar de nuevo, pero el viaje no duró mucho tiempo.

La ciudad estaba cerca, cuando el tren se detuvo, se acabó su calvario, bajaron del tren sin ser vistos.

-¿Dónde está el puerto? –preguntó Ema al primer hombre que se cruzó en su camino.

El hombre le explicó cómo llegar allí.

En el puerto había un viejo barco ruso dispuesto para zarpar, Ema subió y se encontró con un hombre gigante, con figura redonda y la cara roja.

-Señor, ¿nos puede llevar en el barco? –preguntó Ema.

-¿Para ir donde?-dijo el hombre.

-A Rumanía, tengo dinero y una botella de alcohol.

El hombre miraba con antojo la botella, Ema entendió y se las arregló para ganar.

-Ven rápido, que no os vea nadie de la tripulación.

Y los llevó junto a los contenedores de transporte de mercancía, estaban llenos de naranjas, aquí pasareis los próximos días, pero nadie tiene que saberlo, debéis permanecer en silencio –dijo el hombre, retorciendo el bigote, tenían comida, naranjas en abundancia, el agua era el problema, pero debían resistir, Ema trato de dejar más agua para el niño, después de dos días, estaba débil por la sed.

“Creo que no aguantaré mucho más” –pensó ella- “moriré sin lugar a dudas, pero ¿qué pasará con el niño?”, trató de dormirse y pensó que si cerraba los ojos no volvería a despertar.

De repente, la puerta del contenedor se abrió y el hombre que la había ayudado a viajar entro lentamente, traía una botella de agua fría y pan.

-No pude traer nada más –dijo el hombre- debo regresar inmediatamente, no sea que alguien sospeche, no quiero crear problemas sino también los tendría yo si se enteran que os ayudé.

-Muchas gracias –exclamó Ema en voz baja- cogió la botella de agua y empezó a beber con avidez, como si fuera una poción mágica dándole la vida, aunque en realidad no era así.

La joven se recuperó inmediatamente, durante los siguientes días, el marinero siempre les llevaba agua, se las

arregló incluso para reunir algo de comida sobrante y se la llevó a Ema y al niño.

Llegó el día en que el hombre les trajo la noticia de que llegaba el buque a puerto, Ema respiró animada, el miedo y el calvario que había pasado había terminado, aquí en su patria se sentía segura y que nada malo le podía suceder, estaba de vuelta a la civilización, llegó finalmente al país.

“Estar en casa es lo mejor” –pensó Ema, mientras observaba

feliz al niño.

-Lo bueno es que ahora estoy tranquila –dijo la madre de Ema- estaba preocupada por ti todo el tiempo, me preguntaba si estabas bien, si te había pasado algo, si algún día volvería a verte o si llegaría el día de conocer a mi nieto

 

Epílogo

Era una mujer orgullosa, Ema nunca dijo a nadie lo que había pasado en las montañas de Mongolia.

-Tengo que ir a la escuela, hoy viene alguien de la inspección del control de la escuela, seguramente estaré allí todo el día.

- No te preocupes, yo me cuido solo mamá –dijo Temujin- hay suficiente comida en la nevera. ¿Debo de hacer algo ahora que serás la directora de la escuela?

-No, puedo yo sola, ya sabes que las inspecciones de control, se realizan por lo general, cuando se acerca la Fiesta del Cordero de Pascua, para controlar los pasteles, solucionarlo todo, como siempre –dijo Ema. Pensó, en lo profesional, hizo lo que quería, ser profesora de geografía en una escuela cercana a casa, o mejor dicho, la habían nombrado directora. “El trabajo de los años que trabaje para la Seguridad, desde que regresé al país no fue en vano, fue una de las condiciones para ser propuesta y Temujin es mi alegría, el también hizo carrera, más fácil ahora que en mi tiempo, ahora las plazas no son limitadas en los colegios y en las universidades acceden muchos, yo lo puedo ayudar con el trabajo, tiene un puesto de informático en mi escuela, que puedo decir, soy una mujer feliz. Encontré el verdadero amor de mi vida, encontré a mi alma gemela, pocas personas tienen esa suerte de encontrar la felicidad.

Tal vez por eso no quiera a ningún otro hombre en mi vida.

No querría que me decepcionase. Todo el tiempo lo hubiera

comparado con Naranbaatar, y no hubiera sido feliz ni yo ni mi pareja. Así, sola con mis recuerdos, todo parece perfecto y Temujin se parece demasiado a Naranbaatar, a menudo creo que es él. De todos modos, con el trabajo y los problemas de la escuela, no tengo tiempo para pensar, aquí en casa, es el lugar donde más a gusto estoy, tengo todas las comodidades, puedo comprar casi cualquier cosa y vivir con el aire de las montañas en Brasov. Puedo viajar al extranjero en cualquier momento, los viajes al extranjero son baratos, pero después de la aventura vivida, no deseo cruzar las fronteras de mi país –pensó Ema, soñadora y feliz.

Dra. Cornelia PAÚN

(Rumanía)

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