OEUVRES DR. CORNELIA PAUN HEINZEL

DR. CORNELIA Păun HEINZEL: "Amor canibal"

del libro"El cartero nunca más llama dos veces" o  "Sueños ... sueños ... sueños"/"Poştaşul nu mai sună de două ori" sau "Visuri… visuri… visuri…" 

http://www.revistasingur.ro/proz/13509-dr-cornelia-pun-heinzel-iubire-canibal

DR. CORNELIA Păun HEINZEL: "Amor canibal"

 

Sonó el timbre de la puerta del apartamento, Eran dos policías vestidos con sus uniformes azules, uno era alto, moreno con el pelo rizado y la piel más oscura; el otro más pequeño, rechoncho, con cabello rubio y escaso.

 

 

Ly abrió la puerta y los agentes de la ley quedaron impresionados por la presencia de ese enorme hombre negro que tenían delante con los ojos inyectados en sangre y una mirada salvaje.

Somos los suboficiales Ilie Ghidovet y Vasile Tocana de la policía local de la ciudad. Venimos porque hemos recibido una llamada desde esta casa –dijeron los hombres, mientras

se identificaban como policías que estaban de servicio.

-Pasen, por favor – dijo Ly – Yo les llamé.

Los policías entraron y quedaron sorprendidos con lo que veían, era un apartamento caracterizado por un lujo ostentoso, que nunca habían visto. No habían advertido a nadie

en la casa, había muebles de madera tallados, pinturas y esculturas valiosas, muchos espejos y candelabros además de plantas exóticas que habían crecido como en una selva. El cuerpo blanco y perfecto de yeso atrajo su atención sobre la diosa Venus; y la cabeza de Hefesto cubierta abundantemente por rizos que se encontraba sobre el escritorio. Se veían pedazos de carne y sangre esparcida por toda la habitación, sus ojos se dirigieron instintivamente hacia una

foto de una hermosa rubia con cara de muñeca de ojos azules y piel de porcelana que los observaba con una sonrisa franca desde un marco situado encima de la mesita.

¿Es su esposa, Violeta? –preguntó uno de ellos para su aclaración.

-Si –respondió Ly.

- Y ahora… ¿dónde está? –preguntó entonces el otro.

Ly no dijo ninguna palabra durante un tiempo. Luego hizo un gesto con el dedo señalándose el estómago.

La cara del policía más alto se puso blanca. Entendieron el mutismo del hombre, que acababa de confirmar lo que había anunciado en su llamada telefónica. Ahora estaba claro que no era ninguna broma y que el hombre había contado lo que allí había ocurrido en realidad. El más bajito comenzó a vomitar y se apresuró en ir al baño.

Ly, sin saber cómo, pensó en el día en que conoció a Violeta.

La primera sensación que tuvo, fue que iba a comérsela entera, que la estaría disfrutando como si fuera un delicioso pastel, como una aromática naranja, como un delicioso plátano africano, como una delicia aromática, colocada encima de la mesa de un rico rey…

El policía más alto se acerco al teléfono y le preguntó:

-¿Me permite? ¿Puedo llamar? Tengo que avisara al Comandante.

- Por supuesto –respondió Ly cortésmente.

-Camarada Ciolan, soy Ghidovet, confirmo la llamada, es decir, el relato que se hizo en la llamada telefónica.

- Hagan el informe urgente y vengan rápidamente a la sede –les dijo el comandante- Los superiores ya están avisados.

Yo solo no puedo tomar decisiones de esta magnitud, más si se trata de la hija del Ministro y el muchacho es un líder africano.

¡Es increíble! –Se escucho una voz gruesa- No sé cómo manejar este asunto.

El policía más alto comenzó a escribir el informe. Su mano temblaba y apenas la podía dominar, pero se daba prisa, no podía permanecer más tiempo en ese lugar, tenía la sensación que debía darse correr lo más rápido que sus pies le permitiesen.

-¿Te queda mucho para escribir? –le preguntó su compañero.

¡Vamos, Elías es más rápido!

-¡Inmediatamente, Vasile, ya falta poco!¡Termino ya!¡Ten un poco de paciencia!

Los hombres salieron del apartamento asustados.

-¡Que hermosa era la chica! ¿Qué encontró en él? ¡Tenía dinero, lo tenía todo! –exclamó Ghidovet- Se que él es hijo de un gran líder tribal en África. Pero ella no necesitaba dinero, quizás necesitaba otra cosa. A veces, por ser demasiado bueno se cometen errores ¡increíble! Creo que fue una niña muy mimada, vivió toda su vida entre algodones, la única hija del ministro además no era para nada tonta. Fue a la universidad.

-¡Estudiantes! –dijo Tocana- ¡No todo el mundo puede estudiar, en esta época! ¡Tenía que ser inteligente, tener una mente de verdad! Los niños tontos de la Securitate no ponen un pie en la universidad, solo lo hacen si tienen ahí conocidos. La selección es muy estricta y justa, Sin embargo, creo que podríamos encontrar a uno de nosotros –dijo Ghidovet.

-¿Qué eres chovinista? –reprendió Tocana a su colega- ¿No sabes que los negros son más brillantes y viriles que los blancos?

-¡Pero nosotros, los rumanos también somos muy buenos!

¡No se pueden excluir! –exclamó Ghidovet.

- Sí, pero quizás la chica quería algo diferente, algo extraordinario. ¡Piénsalo! Durante toda su vida se habían cumplido todos sus deseos, ¡como una princesa mimada! –dijo Vasile- yo, por ejemplo, me conformo con cualquier cosa, ni con la comida ni con las mujeres soy demasiado

exigente, ¡sea lo que sea!

- ¡A mí me gustan las rubias hermosas como esta! Mi prometida es linda, pero creo que le voy a decir que se tinte el pelo, ¡le sentaría bien el rubio platino! –dijo Elías pensativo

Tampoco está mal de castaña, como es ella –confirm Vasile - ¿Rubia? ¡Cuidado que no la pierdas! ¡si otro te la roba! Ya sabes que como vendedora tiene muchos clientes, ¡nunca se sabe! La mía tiene la piel más oscura, no se puede tintar de rubia ¡parecería el diablo! Pero me gusta, tiene el pelo rizado, así no se tiene que hacer la permanente, me sale más barato ya que no tengo que gastar en peluquería.

Ly puso su cabeza entre las manos, ahora no se podía enfrentar con su suegro, no resistiría las tensiones. A su padre se lo conto todo y se quedó, por supuesto, sorprendido. Sin embargo, algo en su interior, en su corazón sabía que su padre querido lo entendía. Como siempre, cuando su

hijo hacía alguna tontería. Era hijo de un príncipe guerrero y siempre se le permitió cualquier cosa. Así eran las leyes de la selva. Ahora, sin embargo, Ly estaba solo él y su conciencia.

¿Cómo voy a dormir solo esta noche, sin sentir su cuerpo entre mis brazos, presionado contra mí, sintiendo su aliento?

–Pensó el hombre –desde que nos casamos, siempre dormíamos juntos. Un sueño sin Violeta parece impensable. Cada noche dormíamos abrazados después de horas de un amor salvaje. La teoría de que los polos opuestos se atraen, quedaba plenamente demostrado en nuestro caso.

La atracción entre nosotros era explosiva, como una tormenta en el desierto, había hecho el amor con ella sin interrupción, cuando nos mirábamos a los ojos el uno al otro nada podía pararnos. Me sentí atraído hacía ella desde el primer momento que la vi. Su piel blanca delicada, su olor a bebé, su pelo largo rubio, que me atraía con locura. Cada sílaba que pronunciaba Violeta parecía una poción mágica, dulce, que penetraba en mi alma y mi corazón se derritió salvaje, quería escucharla todo el tiempo. El timbre de su voz tan melodioso, me conmovió hasta lo más profundo de mí ser guerrero bantú.

Ly se tumbo en la cama y pensó: “En este momento, lo major que podría pasarme sería oír su voz cristalina y tranquilizadora, todas mis ansiedades, mis temores desaparecerían, como por arte de magia. Violeta era tan delicada, esa sensación de impotencia que debo protegerla de forma

permanente, para defenderla de todos los peligros. Por ella, me enfrentaría a cualquiera, en cualquier momento…incluso arriesgaría mi vida. ¡Cuánto me gustaba abrazarla… toda la noche…parecía que la estaba protegiendo de algún espíritu de la noche encantado por su belleza! La amaba con locura…nunca he amado alguna vez a una vez como a ella… y la amo todavía… aunque tal vez nadie lo entienda. ¿Qué voy a hacer sin ella? Desde que nos conocimos nunca nos habíamos separado. Desde que nos casamos, todas las noches las pasamos juntos, sólo con Violeta me sentía entero. Para mí era mi alma gemela destinada a estar siempre con ella. ¡No va a haber una como ella jamás en mi vida! ¡Todavía menos en vidas futuras!

La atracción que sintió fue irresistible cuando la vio por primera vez en el baile de la “Academia de Estudios Económicos”, todavía estaba viva en su corazón, en su alma, en cada parte de su cuerpo.

Donde yo estudio, en el Politécnico, no hay chicas y las pocas que estaban huían de mí como del diablo… ¡que tontas! ¿Cómo si fuera a comérmelas? –Pensaba Ly- En la “A.E.E.” sin embargo estaba lleno de chicas estudiando, ¡cada una más bella que la otra! Y menos creídas, que las estudiantes del Politécnico.

Entonces, apareció sobre el escenario de la sala de celebraciones apareció Violeta declarada “Miss Academia de Estudios Económicos”, Ly consideró que veía un ángel delcielo bajado entre los mortales, nunca había visto una criatura tan dulce y atractiva.

“¿Se podrá fijar en mí algún día esta diosa?” –se preguntó Ly, soñador.

Cuando Violeta se deslizo en la pista de baile, Ly con una actitud orgullosa como si atacara a una gacela en la selva y a la chica amada le gustaba este ataque inusual. Generalmente, todo el mundo sabía quién era, la hija del ministro, un cervatillo que tenía a su alrededor a cachorros asustados para que pudieran satisfacer todos sus deseos.

Sin embargo, este hombre era diferente a todos lo que había conocido, era seguro, valiente, con un brillo en sus ojos salvajes, como un tigre oliendo la sangre, había algo fascinante en ellos, algo especial…

La chica no lamentó para nada esta opción, el joven negro bailaba de una forma increíble. Su movimiento casi felino, tenía elasticidad en sus arqueos y saltos de pantera además de ágil, pero también sus extensiones delicadas, con la finura del felino cazando antílopes por la selva africana como cualquier depredador. Ly tenía las manos calientes, como las arenas africanas quemadas bajo el sol caliente y se introducía en su delicada piel, blanca y fría, como ella la tenía.

Tenía la impresión que el corazón del hombre africano quemaba todo lo que había a su alrededor, como los rayos del sol en el desierto. “¿Cómo podría amar a este hombre tan apasionado?” –se preguntó ella.

“¡El mejor estudiante del año” –le explicó a Violeta, un amigo y compatriota de ese, que había llegado a Rumanía y por lo general lo acompañaba dondequiera que este fuese… menos a las clases.

Pero Ba era hijo de gente pobre. El Partido Socialista lo había enviado a estudiar a expensas del Estadoy tuvo que regresar a su país una vez graduado en la universidad y realizado las prácticas, para trabajar. Era de baja estatura y delicado, como los africanos extremadamente débiles, desnutrido que se veían en los distintos programas de televisión, cuando se ofrecían las noticias o documentales, tenía muy pocos conocimientos de la lengua rumana y tampoco era buena en la escuela. No le atrajo en absoluto, por suerte, Ly siempre le ayudaba. Por lo general a Ba le gustaba

saltarse las clases.

En la universidad, cuando se estaba en clase y el maestro nombraba a Ly, éste siempre respondía “¡Sí!”. Entonces el profesor nombraba el nombre de Ba, que generalmente no estaba presente, y los compañeros de clase decían en grupo

“¡Ba!” confirmando su ausencia además de bromear como si fuera un juego de palabras que formaban a través de una respuesta.

Ly media casi dos metros, con una estructura deportiva, algunos tatuajes que representaban su posición dentro de la comunidad que dirigía, hecho de acuerdo con su tradición ancestral, manteniéndose desde la antigüedad a que los descendientes no habían renunciado todavía. También hubo algo que le hizo pensar. Él era un hombre especial, un líder, un capitán en su forma de comportarse, la postura, la forma de abordarla…

Cuando Ly se fue a comprar una rosa roja, como la sangre y se la ofreció a Violeta, a ello todo le parecía muy romántico… y único… el gesto contrastaba enormemente con su figura dura, salvaje.

Ambos estaban impresionados el uno con el otro, ese sentimiento era mutuo, amor a primera vista.

Ly estaba feliz porque finalmente era querido por su verdadero valor, de una persona y ¡no por cualquiera! ¡La más maravillosa criatura femenina que había visto en su vida! Una verdadera Marilyn Monroe de Rumania, en carne y hueso, la cual, podía ver su rostro en la realidad, no en una película o una imagen, además parecía mucho más dulce y apetecible que las imágenes y películas…estaba para comérsela de la cabeza a los pies.

El hombre pensó que debía tratar a Violeta de la forma más delicada posible. Estaba acostumbrado a que los estudiantes incluso los más jóvenes entre sus compañeros de clase en el Politécnico, durante el curso, lo habían rechazado de inmediato…siempre se asustaban de su aspecto salvaje. Se cambiaban inmediatamente de sitio si él se acercaba y se sentaba cerca de ellos incluso en otras ocasiones si quería charlar un poco ni siquiera respondían a sus preguntas.

Disimulaban, como si no entendieran lo que les decía.

La actitud y la reacción de Violeta le encantó a Ly, ella no tenía ningún complejo de hablar con un negro. Algunas persona tenían muchos prejuicios acerca de esto, incluso había dos mitos sobre este tema; si una mujer tenía relaciones con los negros, era considerada de inmediato como frívola además de ser etiquetada como “mujer fácil”. Además se decía que después de tener una relación con un hombre negro, que es por todos conocidos, que está mejor equipado físicamente, la mujer ya no podía tener nunca más relaciones con un blanco, porque este no podría

satisfacerla. Nadie sabe quién lanzó estas conclusiones. Pero tal vez, precisamente, las que han experimentado esta situación, expresó estas escusas, porque alguien ajeno no podía saber estas cosas tan íntimas.

El padre de Ly enviaba permanentemente cajas de frutas exóticas desde Africa, ya que en Rumanía no solían encontrarse en los comercios, solo de forma muy esporádica. Incluso Violeta, como hija de un ministro, también le era bastante difícil conseguir estas delicias. Así Ly consider

que sería muy romántico, si llevaba algunos plátanos de su patria natal, un enorme coco o unas naranjas dulces y sabrosas.

Sus encuentros eran lo más románticos posibles. Los dos vivían un sueño de hadas con los ojos abiertos, una historia de amor única. Se habían convertido en adictos el uno del otro… no podían vivir el uno sin el otro.

El padre de Violeta, a pesar de que en un principio se había opuesto vehementemente al comienzo de la relación entre los jóvenes, amaba demasiado a su hija, y por ello había

organizado una boda de acuerdo a su rango, ministro, el más alto perfil posible bajo el régimen socialista.

Tampoco la familia de Ly estaba muy alegre con la noticia, pero no podían desafiar el juicio de su hijo. La decisión ya estaba tomada y los hechos consumados. Se vio delante de un hecho cumplido. Nadie podía oponerse a su matrimonio y a un amor tan grande. Debía llegar el equipo de criminalística para recoger muestras. No podía tocar ni arreglar nada en el apartamento.

Debía mantenerse la escena intacta. Así se lo comunicaron.

Ly se sentía muy cansado. Se hundió en los sillones suaves de felpa y se quedo rápidamente

dormido. Viajo junto a Violeta a su patria, a su reino en África, ¡eran tan felices juntos! Nada podía eclipsar sus vidas por ahí. El sol ardía con pasión en el suelo, en la vegetación y la

fauna silvestre, intensificando su amor único.

Violeta estaba fascinada por el paisaje, la naturaleza y sobre todo por los animales africanos que la asustaban. Miraba los peligros con inocencia, como algo imposible. Llegó sin miedo con él y con otros para cazar, no estaba en absolute asustada por el fiero león que se le acercaba, atraído irresistiblemente por la fragancia de su piel delicada. Si Ly no hubiera disparado rápidamente, la mujer hubiera sido una víctima de la mandíbula de uno de los animales más fieros, y la impresionante serpiente que se enroscaba alrededor del árbol, a Violeta le gustó tanto que se acercó inconscientemente a ella para admirarla, parecía un ser de aspecto fantástico, de un cuento que había leído en su infancia.

-Ten cuidado Violeta, una pitón no es un juguete, serías una presa fácil. Ve con cuidado si te gusta, ¡admírala desde la distancia! –le dijo Ly atrayendo su atención.

- ¡Pero, qué bonita es! ¡No me canso de mirarla! –dijo la mujer, fascinada por el reptil.

Allí en la selva africana, parecía una diosa del bosque, que entendía y amaba el milagro de la naturaleza, como sí siempre hubiera vivido en medio de ella. Era la princesa de los árboles seculares, la princesa de antílopes y cebras, la princesa más bella de los feroces leones y la reina de la gigantesca jirafa.

Desde alguno de los arbustos llegó un extraño lloriqueo y Violeta instintivamente se dirigió en esa dirección. Descubrió sorprendida, enredado entre las ramas y las hojas de bordes adherentes un pequeño león. “La que atacó era la leona, defendía a su bebe” –pensó. Y tomo al pequeño león

en sus brazos. A partir de ese momento se convirtió en su mejor amigo, el más cercano del continente africano.

Para Violeta las noches africanas parecían mágicas, verdaderas de la naturaleza. Vivió la experiencia como en un cuento…todo parecía tan romántico…En brazos de Ly admiraba

la inmensidad del azul grisáceo con reflejos rojos en el cielo y escuchando el sonido único de la misteriosa selva africana, traspasada ocasionalmente por un aullido que lejos de parecer espeluznante, al contrario armonizaba a la perfección con el continente salvaje.

De repente Ly sintió el calor de las enormes llamas, que barrían la vegetación circundante. Los animales huían asustados, el fuego les rodeo. ¡Cuidado! Se apresuró a apagar las llamas que se extendieron por la ropa y el pelo de Violeta.

Ly despertó asustado. ¡Todo había parecido tan real! Las llamas, el humo, el fuego y el miedo…un miedo increíble. -“No estoy en África, pero hubiera sido mejor si nos hubiéramos

quedado allí” –pensó el hombre.

En Rumanía, se había sentido alguna vez frustrado. En la calle, en el transporte público, era observado con rareza, su aspecto era extraño. Y en cualquier lugar de la tierra, era muy difícil luchar contra los prejuicios. La gente lo esquivaba, se cambiaban de silla donde él estaba sentado a su lado en el metro o en el tranvía. Los estudiantes no hablaban con él, lo evitaban como si fuera la peste. No tenía relaciones con mujeres si no era pagando. Tenía dinero en abundancia. Sólo su padre estaba en su país natal, era una de las personas más importantes del Estado. El problema más doloroso era que la prostitución estaba prohibida en el país y debía de respetar la ley tal y como estaba redactada. Al vivir en un país socialista, no había gente en el paro, todos la gente tenía trabajo. Siendo el socialismo, no eran parados, todos personas trabajar, había asegurado el trabajo, excepto las casadas de las mujeres con maridos que trabahan. Todas las mujeres iban a trabajar, y trabahan .porque se ha asegurado el trabajo. Si una persona se encuentra sin trabajo, era llevada de inmediato a la milicia y enviada a trabajar. Así, las mujeres que habían realizado esta actividad

en muy pocas ocasiones y la practicaban lejos de los ojos de las autoridades, así que Ly tenía que pagar mucho dinero para conseguir a una mujer.

-“¡Las mujeres rumanas son hermosas! –Pensó Ly - ¡Pero Violeta es la más maravillosa de todas ellas…o mejor dicho, lo era! Ella era la única que le gustaba y además me admiraba, sin ningún interés, sin sentirse atraída por mi dinero, mi posición. Porque ella tenía suficiente dinero. Su padre, el ministro, podría comprarle lo que ella quisiera… Por supuesto dentro del límite que proporcionaba el régimen socialista que no permitía ni por la seguridad la ostentación de un lujo ostentosos, indecente”.”Lo más hermoso víspera de Año Nuevo la pase con Violeta y su grupo

de amigos” –recordaba Ly.

El complejo era precioso tanto en invierno como en verano. Tenía bosques dibujados de cuentos fascinantes, de cuentos de hadas de Andersen, tenía la impresión de que los árboles podía aparecer en cualquier momento un hada mágica, un alegre elfo del bosque o incluso una bruja feroz Baba.

“Estábamos instalados en el hotel más lujoso de la ciudad, pero también había otros lugares excelentes. La fiesta de Año Nuevo fue fantástica. El menú me gustó, aunque era imposible servirse de todo lo que había en la mesa: aperitivos, carne de cerdo a la barbacoa y pavo asado, comí truchas al horno con sellos con sabor adecuado y por supuesto pastel de chocolate con crema, profiteroles, ensalada de frutas y creps con mermelada exótica”.

Con el grupo de Violeta, gracias a su juventud se divirtió y bailó locamente toda la noche.

La segunda noche en el local se organizo un carnaval para la ocasión. “Debido a que no habíamos preparado ropa para una ocasión como esta, Violeta y yo intercambiamos la ropa. Era la única manera en que podíamos participar Ensanche las costuras de su vestido de gala, casi las rompí,

creo que no se lo puso más desde ese momento. Era mucho más delgada que yo” –recordaba Ly.

-“Pero, ¡Cuánto me gustó el concurso de baile! Teníamos que bailar, sosteniendo una cuchara en la boca mientras aguantábamos un huevo. ¡Qué divertido! El huevo no debía caer durante el baile, que consistía en una mezcla de canciones de ritmos diferentes, desde el delicado vals al

tango romántico, pasando por la samba salvaje, la salsa, el zorro…me levanté finalmente”.

Los días que estuvieron en esa localidad, dormían pocas horas en la noche, después de la cena en el restaurante, que cerraba a las once en punto, según lo permitido por el regimen socialista, se iban a una de las habitaciones del hotel y jugaban a las cartas toda la noche. Todo el grupo fumaba excepto Violeta. Probó también para cumplir con los demás, pero solo fumaba cigarrillos. De vez en cuando Ly y Violeta desaparecían en su habitación.

-¿Qué hacíais allí? –preguntaron sus amigos cuando regresaron.

Mientras, todo realizaban lo que habían utilizado durante las actividades que hacía el grupo, de vez en cuando, las parejas de enamorados desaparecían a menudo y nadie preguntaba por ellos, ni siquiera en broma.

En los siguientes días visitando los bosques y los manantiales en su mayoría sulfúricos. El hielo transparente que envolvía las hojas y ramas de árboles de diferentes configuraciones que ofrecían a los espectadores un espectáculo increíble, irreal. Los ríos, con formaciones de estalactitas

y estalagmitas, resultado del hielo alrededor del agua era encantador. El hecho de que no estaban solos, era beneficioso.

Al caminar por el bosque tranquilo en invierno, no se puede hacer a no ser que se vaya en grupo, a no ser que surja un imprevisto ante algún acontecimiento desagradable.

Un día se organizó un paseo por el lago cerca de la estación.

El paseo por el bosque era agradable, aunque hacía mucho frío, además el lago congelado tenía su propio encanto, aunque no se parecía a los que conocía en África, ni la apariencia ni la vegetación que lo rodeaban.

Ly y Violeta se casaron a finales de abril, el Ministro, el padre de la chica fue el encargado de que su boda fuese hermosa y lujosa, dentro de los límites permitidos por el régimen.

Entonces, los jóvenes se dirigieron inmediatamente al mar, pero no estaban solos, el grupo de Violeta también llegó, fue algo agradable con los amigos. Los estudiantes no les molestaban y no se aburrían en absoluto, podían divertirse todo el tiempo.

Entonces Ly, vio un mar diferente al de su patria. En mayo, no podía bañarse en él, la temperatura era demasiado baja, pero el paisaje marino se podía admirar durante el descanso.

La extensión del agua ejercía su atracción de una manera irresistible dondequiera que estuviera. Cada mar tenía sus encantos, en cada momento existía un encanto único.

El mar durante el primero de mayo se convirtió en un recurso para estudiantes, la tierra de la eterna juventud, muchos de los que estaban entre los primeros de la clase recibieron entradas gratis de la Unión de la Juventud Comunista. Desde la entrada a la ciudad se podían escuchar

los últimos compases musicales, las famosas canciones.

Los jóvenes moviendo sus cuerpos rítmicamente, donde quiera que estuvieran, en la calle, la playa, la estación o cualquier lugar.

Ly durante el primer año en la Universidad Politécnica, no solicitó la entrada gratis. “Habrá más facilidades para los pobres” –Pensó él. Compró las entradas para Violeta y para él, en la misma fila que el grupo de amigos, solo para complacerla. Los amigos de la chica no lo admiraban mucho, incluso lo echaban y se burlaban de él cuando no estaban a su lado. Pero Ly nunca los sorprendió haciéndolo. Los toleró por Violeta, además quería que fuera totalmente feliz, que no le faltase nada, como siempre, en su infancia y adolescencia cuando su padre cumplía todos sus deseos. No quería que Violeta se arrepintiese nunca de haberse casado con él.

Había transcurrido un año desde su matrimonio, un año maravilloso, sin problemas.

En Pascua fueron invitados a la fiesta, pero sin embargo, trajo una desgracia a la familia. A pesar de que todo el mundo no iba a la iglesia, todas las discotecas estaban abiertas, había una función permanente esa noche.

El segundo día de Pascua, Ly recordaba que estaba con el grupo de amigos de Violeta. Ella era el alma de la fiesta.

Todos los hombres se sentían atraídos por la delicadeza y la alegría de ella.

Todos los ojos estaban fijos en ella, cuando bailaba, cuando contaba algo, cuando sonreía…todos pensaban que podia ser suya. Eso le preocupaba a Ly, aunque sabía que Violeta

no buscaría a otro hombre que no fuera él. Sólo lo amaba a él. Tenía plena confianza en ella. Sin embargo, aquellas miradas con ojos nerviosos, lo tenía loco… como si todo el mundo quisiera a su esposa. En África, no habría sucedido esto… pero aquí en Europa…

El cansancio del baile continuo desde la discoteca, en la noche de Pascua, la música atronadora que dejaba a todo el mundo sordo y la fiesta final había sido fatal…de repente sintió que no era él, Ly el actual, era completamente otro, en otra vida anterior, en la misteriosa selva africana, donde era un guerrero salvaje sin miedo a su tribu, sus costumbres y rituales heredado de sus antepasados…

Era como beber una poción que traía la locura. Y todas sus frustraciones, a continuación, otorgados a la pobre Violeta, cuando llegaron a su apartamento en la Plaza Romana.

La tomó en sus brazos con fuerza, la besó con pasión en los labios, alcanzaron sus pechos, fragantes, redondos como naranjas. Y entonces los mordió fuerte, con sus dientes fuertes y extremadamente blancos. La mujer gritó de dolor. Instintivamente, para calmarla le mordió en el cuello, en la vena yugular. Esto fue solo el comienzo. La fiesta donde estuvo presente despertó en él, su parte salvaje, imposible de parar. No se podía controlar. Como si no fuera él. Parecía que estaba en otra vida, desde otro tiempo, una época en la cual lo que estaba haciendo ahora, parecía totalmente normal. Sentía que lo había hecho otras veces, aunque no había engullido carne tan blanca y dulce…era la primera vez que disfrutaba. La fragancia y el sabor de la carne y la sangre lo hicieron actuar como un león hambriento, que es duro con su presa…como un animal sanguinario, no había nada de humano en él. Se dio cuenta de lo que había hecho, sólo cuando era demasiado tarde. Como si despertara de una pesadilla. “No he sido yo quien lo ha hecho”-pensó Ly. “Violeta lo era todo para mi, era la mujer de mi vida, no podría jamás hacerle daño. Y, sin embargo, ¿qué es lo que sucedió? Él la amaba y ella estaba locamente enamorada de él. Lucharon con todos por él. Con su severo padre, el ministro, con su madre, con los organismos de seguridad, que no habían visto con buenos ojos esta unión… la iniquidad de sus colegas, amigos celosos, las bromas de sus amigos. Y él, como premio, la castigó por la decisión tomada. Ella, Violeta pago el amor por él con su sangre.

El primero que supo que hizo Ly, era su padre, a quien llamó inmediatamente.

-Te dije que no iba a salir bien, te dije que te casases con una de nuestras mujeres, una mujer negra, como se ha hecho siempre en nuestra familia. Déjame que lo arregle, te voy a sacar de esta desgracia, te espero en breve en el país, sal de ahí lo más rápido posible. El padre de Violeta la amaba mucho y es capaz de cometer un asesinato por ella. ¡Cómo yo haría si a ti te sucediera algo malo! –dijo el hombre.

Estoy esperando la decisión de las autoridades y simplemente no puedo irme ahora –dijo Ly – He llamado a la policía para anunciarles lo que ha pasado.

En un primer momento la policía escucho la conversación, no podían dar crédito a lo que escuchaban. Pensaron que era una broma. A causa de la Seguridad, que lo controlaba todo, los crímenes ocurrían muy raramente y además eran castigados severamente por la ley.

Sonó el timbre de la puerta y luego golpearon la puerta.

Ly abrió la puerta y había dos hombres vestidos elegantemente y serios.

Somos de Seguridad, el Sr. Facalet y Codeata. Por favor, haga el equipaje urgentemente, tenemos la orden de acompañarle al aeropuerto, aquí tiene el billete de avión, el pasaporte y el visado. Una vez en el avión rumbo a África y haya salido de aquí no podrá volver nunca más –dijo uno

de ellos – Y así no tendrá problemas.

Ly tenía el equipaje preparado, “así que esta es la decisión” –pensó – “no voy a estar encerrado”.

Probablemente porque quieren mantener las relaciones diplomáticas sin problemas. Debido a esto fue puesto en libertad sin dar publicidad al caso… “Ly pensaba continuamente en ello, pero a Violeta la amaba como a nadie, y como tal, no podría amar a ninguna otra mujer en la vida.

Además mantendría un profundo dolor en el alma pensando en ella. Tal vez la tierra milagrosamente de África, su gente, le daría la fuerza necesaria para seguir adelante,

me ayudaran a superar este amargo sufrimiento…”.

  

La escalofriante viuda negra árabe” 

 

Leila soñaba feliz. “Esta es la tierra prometida y esta es la época de la historia más maravillosa posible de la humanidad. Mis conocidos residentes árabes viven en Francia por una larga temporada, aunque tienen tanto talento como yo con los engaños y estafas, incluso aquellos que viven en los Estados Unidos estando en riesgo de pobreza”. Pero aquellos de nosotros que estamos establecidos en esta tierra maravillosa, son los empresarios más ricos que pagan, yo tengo más de cincuenta apartamentos y negocios que los tontos hombres rumanos, ingenuos y engañados por mí. Yo nunca he pagado y ahora tampoco voy a pagar ningún impuesto, además tengo una pensión del Estado sin necesidad de trabajar en toda mi vida, solo trabaje cuando era prostituta en Libia, pero esos años no contribuyeron a mi pensión. Fueron unos años negros para mí, mi madre murió cuando yo era pequeña, nunca conocí a mi padre, parecía que había sido el fruto de una noche de aventura de mi madre con un ladrón turco perezoso, perdido en tierras árabes. Pareciera que había heredado una parte de su talento y había sido útil para mí. Cuando era pequeña me reclutaron en un burdel, con solo ocho años. Fue entonces cuando aprendí lo que significaba la violencia y la crueldad de los hombres árabes, como yo, que a pesar de ser árabe de origen, lo odiaría siempre hasta la muerte. Empecé mi vida sexual tras una violación agresiva, después de la cual estuve inconsciente durante varios días seguidos. Cuando desperté me llevaron los primeros clientes –unos viejos pervertidos y violentos que hicieron de mi vida una pesadilla continua de la que nunca pensé que podría escapar-. La suerte me sonrío cuando tras pasar la puerta del burdel un borracho sin saber qué hacer, era Vasile, un rumano que llegó con un grupo de constructores que llegaron a Libia para trabajar. Vasile estaba casado y tenía dos hijos, para ganar más dinero para su familia, decidió trabajar fuera de su país. Para su trabajo el recibía un dinero en Libia y la familia recibía su salario en Rumanía, para proporcionarle una vida mejor. Por otra parte constantemente les mandaba regalos, alimentos y ropa, artículos de decoración de origen árabe. El hecho de que no estaban juntos, era un sacrificio que estaba haciendo para tener unas mejores condiciones de vida. Vasile trabajaba de la mañana hasta la noche, al igual que sus compañeros, por lo que tenía pocas oportunidades de entretenimiento. Erróneamente fue al burdel, el hombre fue enviado a Leila, en su país de origen no había estado en un lugar así, en su país no existían. La ley no permitía el funcionamiento de estas prácticas y la ley no se violaba para practicar dicha actividad en secreto.

Por otra parte, Vasile amaba a su esposa y no sentía ninguna necesidad de engañar a su mujer. Pero ahora, estaba solo desde hacía cinco año, desde que llegó a Libia y estaba borracho. Todavía no era consciente de lo que estaba ocurriendo, Vasile tenía la sensación de que había caído en los brazos de la sensual Scheherazade. El encanto de la mujer árabe, su experiencia con los hombres, representaba algo nuevo para él. Pensó que parecía estar dentro de unos de los cuentos fascinantes de “Las mil y una noches”. Leila también se sorprendió del comportamiento del hombre, nunca nadie la había respetado antes y ningún hombre había sido amable con ella como Vasile. Así que no todos los hombres son como mis compatriotas, pensó la mujer. Los rumanos son gentiles, educados y saben cómo comportarse con una mujer, incluso con una como yo. En los días siguientes, Vasile fue con regularidad yendo como cliente frecuente de Leila. Incluso comenzó a conversar con ella, porque durante el trabajo había aprendido un poco de árabe, tanto como para entender a los que hablaban ese idioma. Leila fue el motivo que le impulsó a mejorar este idioma, la atracción que ejercía la mujer sobre él era mortal. No podía renunciar a ella. Vasile se había olvidado de su esposa y de sus hijos, de su tierra natal, de sus parientes, de todo lo que le unía al pasado. Vivía solo el presente junto a Leila. Los días los pasaba trabajando con celo, mientras que sus pensamientos eran para Leila, la mujer que había robado su corazón y su mente, porque sus pensamientos eran solo para la mujer árabe. Era una mujer de treinta y cinco años, no era una belleza, pero tenía el encanto asiático, pero para Vasile era muy atractiva. Con el pelo teñido de rojo brillante, con una nariz prominente, labios gruesos, Leila parecía una princesa árabe sensual de los cuentos árabes orietnales. A Vasile estaba empezando a gustarle las tierras árabes lejanas. Aunque ni había pensado en volver a su casa, a su país, donde no iba ni siquiera en vacaciones. Pero cuando llego la revolución, tuvo que regresar en su país. Pero no podía volver solo, siempre estaría ligado a Leila y no podía concebir la vida sin ella. Por lo que le propuso a la mujer que lo acompañara a ir con él. Leila sabía que estaba envejeciendo y que su vida era cada vez más difícil. Las mujeres de edad avanzada en su situación generalmente terminaban trágicamente. Vasile representaba su tabla de salvación para ella. Pero era difícil deshacerse de sus patronos del burdel. Si ellos hubieran sabido que pensaba hacer ella, la habrían sacrificado inmediatamente. Ella debía planificar en todo detalle la fuga, su fuga del burdel. La ocasión apareció con la fiesta, cuando todos los musulmanes iban a rezar en la mezquita, excepto Alí, el hombre era viejo, delgado y bastante estúpido. Leila fue hacia el hombre, girando alrededor de él, lanzándole miradas traviesas y lo golpeó fuertemente con una barra de hierro que escondía en sus manos detrás de ella. A continuación salió fuera y busco un taxi para ir al aeropuerto, donde Vasile la estaba esperando con dos billetes de avión para ir hasta Bucarest, Rumanía. El camino le pareció corto a la mujer. En la capital se alojaron en un hotel de segunda categoría, más barato. El apartamento estaba habitado por la esposa de Vasile y sus dos hijos, y según la ley socialista, no había ninguna posibilidad, ningún derecho sobre el apartamento, los niños tenían prioridad, desde que había iniciado el divorcio mientras estaban en el extranjero. Los siguientes días encontraron un apartamento donde vivir de alquiler. Vasile buscó un abogado que lo representase durante el proceso de separación y contrato a una joven mujer, muy astuta que le hizo una propuesta. -Yo sé que hay muchos jueces, que si usted paga bien, va a valorarlo. -Pero los niños son para la madre, no puedo conseguir el apartamento –dijo el hombre. -Eso fue en la época de Ceausescu. Ahora, quien paga, gana. Y la mujer mantuvo su palabra, obtuvo el apartamento y su esposa e hijos fueron desahuciados. Vasile debía darles una parte de dinero, unos cien mil. -Es una gran cantidad de dinero –dijo Vasile. -No hay problema, voy a aplazar el proceso, la devolución tendrá la duración desde que empiece, así que le va a favorecer mediante la extensión de la fecha límite –dijo la abogada – No cuesta nada, pero merece la pena. Va a ganar diez veces más. Leila se hizo amiga de la señorita Adina, intuyó que era tan inteligente como ella. La  mujer sabía cómo manejar la situación. Había venido desde el campo y había ido a una universidad privada famosa de “Mente y Espíritu” hecha para el éxito. Logró encontrar la ramificación para poder concursar y ocupar el puesto adecuado. Con los antiguos profesores de los centros privados, funcionaban como jueces que sabían cómo resolver los problemas. Solo era una estudiante y tenía experiencia en aprobar los exámenes sin tener que aprender algo de ellos, ya que nunca lo había hecho. Y por supuesto, a continuación, compitió para obtener la licencia para ocupar el puesto de abogado. Adina trabajó duro en el supermercado para pagar los exámenes y concursos  porque su madre, que estaba sin empleo, no la podía ayudar, como hacían otros padres. Leila pensó que Adina había tenido una vida como la suya. Entre las mujeres cuajó una unión fuerte. Los procesos duraron hasta los cien mil que Vasile debía darle a su esposa e hijo. Leila reivindicando preparó una bolsa de monedas. Ahora era el momento de poner en marcha los negocios y Adina podía ayudarle con trucos que conociese, podría eludir la ley  y no pagar impuestos, tenía ventajas únicas con una ganancia máxima posible. Entonces Leila pensó soñadora: “Esta es una tierra de oportunidades, puedes ganar dinero sin tener que trabajar duro”, solo mediante el engaño que era innato en ella, el truco, el robo, el engaño era parte de ella misma, era una característica suya, al igual que muchos de mis compatriotas en este país que había convertido a empresarios muy ricos. “Los que emigraron a Francia estaban en riesgo de pobreza y en Estados Unidos apenas lograban sobrevivir. Pero allí, como en mi país de origen las leyes ahora eran más estrictas”. Leila convertida en experta en la dirección de su negocio con su marido, pero pronto empezaron los problemas, la compañía era más rentable para ellos, ganaban más dinero tanto que el éxito de Vasile con las mujeres creció. Su secretaria, una hermosa rubia siempre le echaba miradas delicadas, sin ningún recato, a la cara de ella, de su esposa. La mujer contable, una mujer morena, alta, que constantemente buscaba al patrón para trabajar juntos, Leila sabía que Vasile era un hombre que no podía resistirse a las tentaciones de una mujer. Ella actuó de esa manera hasta que lo acabo conquistando. Últimamente tenía problemas, ella se ponía nerviosa porque Vasile siempre faltaba en casa. - Estoy ocupado como siempre – le explicaba el hombre. Pero no fue suficiente. Su secretaria, su contable y otros empleados los observaban, incluso a ella misma. Con las mujeres de negocios que entraban en contacto con Vasile, era difícil seguirle la pista. Las bellas y atractivas eran jóvenes y Leila empezó a sentir el gusano de la envidia, día a día, ese sentimiento crecía. -Tengo que hacer algo, no puedo seguir así, se lo que es una vida insegura, no quiero dejarlo en las manos de otros, un detective, por supuesto me voy a explicar cómo son las cosas y que decisiones debo tomar – Leila abrió su ordenador portátil, conectándose a Internet para buscar una agencia de detectives, no era difícil en absoluto, pero la cantidad de dinero que pedían eran demasiado grande, pero valdría la pena. Más de dos horas, Leila estaba en la sede de la agencia de detective, dando los detalles relacionados con sus intereses. -Quiero saber dónde va mi marido, con quien se encuentra, dónde, por cuánto tiempo y lo que esté haciendo ese tiempo, y si es posible, me gustaría tener fotografías como prueba –dijo la mujer enfadada. El Sr. Isopescu le llamó a los poco días. -Tengo noticias para usted. Nos encontraremos en el restaurante Edelweiss, a la una –dijo el hombre con seriedad. El restaurante estaba cerca a la sede de Excro Internacional, la firma de la familia Liga. Leila esperaba con impaciencia el encuentro, desde el momento en que recibió la llamada,  consideró que el flujo del tiempo era muy difícil en ese momento, como si entrase en el laberinto de Mynos y no tenía ninguna escapatoria. Pero llegaría pronto y volvería a reencontrarse con el detective. -El Sr. Vasile tiene muchos encuentros empresariales con muchas damas, son estas –el hombre le entregó una lista de nombres de mujeres y un paquete de fotos donde estaban ellos, señaló los nombres con el lápiz. “Dios, que hermosas son” –pensó Leila- “Todas, una a una”. -Con esta se reúne la mayor parte del tiempo, no solo se dedicaban al negocio –explicó el hombre, extendiendo algunas fotos de la mujer. Una de ellas era en la playa de Mamaia y el modo de comportarse no parecía de ninguna manera la forma de hombres de negocios. Leila recordó que la semana pasada Vasile se había ido por negocios en Constanza. A continuación, la foto de un restaurante, donde los dos se besaban en la reunión, unas cuantas fotos con los dos delante de una villa de lujo. - Es la casa de la mujer, Carla Holstein, una mujer judía –dijo Isopescu  mostrando una foto de una mujer hermosa, rubia con los ojos azules como el mar. - “Señor, que atractiva es” –pensó Leila – por supuesto que Vasile no puede resistirse a sus encantos, ahora entiendo porqué está tan soñador últimamente, como en el periodo en el que me encontró en el burdel. -Quiero seguir –determinó Leila – Continúe, le pagaré, deseo firmar un contrato con su empresa de detectives. La mujer se fue rápidamente a su casa y comenzó a examinar las cosas que trajo de su país de origen. Hurgó en cajas con botellas, polvos y pociones hechas en oriente. Aprendió como nadie como se utilizaba cada sustancia, de su vieja amiga Aysha. Cuando tomaba sus pociones podía hacer de todo, con todo. Solo cuando atraía a los hombres, los utilizaba al máximo. Cuando quería aturdir a uno o quería dormir a otro por un tiempo o para siempre, nadie sabía mejor que Leila lo que hacía. Las plantas asiáticas hacían su efecto de una forma rápida y sin temor al fracaso. Leila pensó que podía obtener nuevos materiales de algunas empresas árabes en la capital, simplemente tenía que hacer una lista de lo que necesitaba y ver quien se los traía del país. “Esta es mi solución para resistir. Necesito escapar de Vasile para permanecer firme y en el apartamento. Si de alguna manera lo dejaban, porque podía estar peor en la calle que en tierras árabes”. Cuando era más joven tuve la oportunidad de sobrevivir. Ahora, sin embargo, debía usar otros talentos de los que estaba dotada –pensó la mujer. Voy a dejar caer poco a poco gradualmente hasta que pueda finalmente deshacerme de Vasile, tengo que sobrevivir, debo luchar por mi vida –se decía Leila- “Soy una luchadora y no me dejaré derrotar por ningún hombre, nunca más. Sea Vasile o cualquier otro”. Vasile llamó por la noche. - Tengo trabajo en la empresa y no puedo regresar a casa por la noche, voy a trabajar todo el tiempo –dijo el hombre con inquietud. -Se que lo haces –dijo Leila.

Llamo al detective para seguir los pasos de su marido. Por supuesto, que iría a ver a Carla. A  la mañana siguiente Leila iría al despacho de detectives. -Has trabajado muchísimo –le dijo la mujer, sosteniendo la taza de rosas color de rosa, en la cual había vertido unas gotas de licor de la botella que tenía guardada en el bolsillo. Ella espero cuidadosamente mientras observaba como el hombre se tomaba el café. Vasile bebió el líquido, animado por la charla de la mujer, no necesariamente porque quisiera el café, sino más bien para darle placer a la esposa engañada de  la cual se sentía en deuda. - No me siento demasiado bien, tengo palpitaciones y no puedo respirar –dijo el hombre. - Te lo parece a ti, es solo una impresión, estas cansado, has trabajado duro toda la noche, pero… bebe un poco de agua fría –la mujer le sirvió agua mineral en un vaso de cristal transparente y se lo dio al hombre- Sal y respira un poco de aire fresco en la terraza –le dijo Leila mientras abría la puerta del balcón. Vasile volvió, pensar en Carla le tranquilizó y le hizo feliz por un momento. Entonces oyó la voz de Leila y la tensión volvió a crecer. La sangre subió a sus mejillas de nuevo. Su corazón comenzó a latir de nuevo rápidamente. Durante las siguientes semanas, Leila colocó en los alimentos y las bebidas consumidas por Vasile, sus mezclas. “A mí no me vas a engañar” –dijo Leila como de costumbre. Acababa de terminar un contrato lucrativo a largo plazo, en la empresa en la que trabajaba, como celebración del término de las negociaciones, el propietario abrió el champán. Leila cogió el primer vaso, introdujo el polvo que llevaba en su bolso y lo entregó a Vasile, luego cogió un vaso lleno. Observo como Vasile se mareó, tropezó y cayó. Se acercó a él para aguantarlo. El hombre se apoyo sobre ella. -Rápido, ayúdame. Creo que tiene un ataque al corazón –gritó Leila desesperadamente. El personal médico llegó en quince minutos. El médico comenzó la maniobra de reanimación. Sin éxito. - No podemos hacer nada, está muerto –dijo el doctor. - No me engañe –dijo Leila, mientras estalló en un llanto histérico. “El negocio ahora es mío. Seré multimillonarios”. Pidió a la abogada para que redactase los actos de herencia de la propiedad. - Si quieres ayudarme –rogó a Adina – En mi escalera hay un vecino que vive solo, sus hijos trabajan en el extranjero. Creo que podemos hacernos con su apartamento para nosotras. Si trato de conquistarlo, no tengo ninguna posibilidad. Soy demasiado joven para él. Podría dudar por si quiero engañarlo, pero si tú te presentas como una rica extranjera, la reacción del hombre sería distinta. - Claro que sí, voy a coger el abrigo del viejo, podemos echarlo a perder sin que nadie se dé cuenta de nada. ¿Puedes presentarnos esta noche? -Le pregunto a Leila. El señor Troiescu estaba encantado en conocer una mujer árabe. Él trato de hablar de literatura, música y de historia, todo lo que sabía de la historia de Asia. Leila se mostró encantada cuando el hombre ingenuo pensó que conquistaría a las asiáticas con su inteligencia, sus conocimientos, como hombre culto que era. “Ven que soy diferente” –pensó el hombre alegremente.

Leila lo visitó frecuentemente en los días siguientes. Preparaba café y le llevaba pasteles comprados en una confitería, donde poderle ofrecer sin cesar gotas de sus pociones árabes. -Son orientales, son hechos por mí, mi madre me enseñó a cocinar, antes de casarme –explicaba la mujer. El señor Troiescu estaba en el séptimo cielo, se enamoro con un loco, estaba viviendo una segunda juventud. Parecía que no se había enamorado nunca, ni siquiera de su esposa. Sin embargo, se sentía muy cansado, a menudo tenía palpitaciones y con dificultad para respirar. “La edad, que se le va a hacer –se decía el hombre- buena suerte con Leila”. -Debes tener un contrato firmado por el hombre viejo –le dijo Adina, la abogada- debes pedirle que firme un contrato de arrendamiento. En los días siguientes Leila le propuso al viejo irse con él. -Puedo cuidar mejor de ti y así estaré constantemente contigo –le dijo la mujer, pero como no estamos casados, quiero que sea de una forma legal, nosotros firmamos un contrato de arrendamiento y no hay ningún problema.
La propuesta para unirse a Leila para todo el tiempo, después de pasar tanto tiempo solo desde que su esposa murió y sus hijos se habían ido a trabajar al extranjero le pareció tentador. Habría podido hacer cualquier cosa por ello, pero sin embargo, ¿firmar un contrato de arrendamiento y nada más?, “la mujer me ama y -Yo firmaré seguro –dijo Troiescu, mientras con el lápiz esbozaba su nombre sobre el papel. Al día siguiente el médico de urgencias declaraba la muerte del hombre. El corazón, la vejez por supuesto y las mujeres encontraron un inquilino para la casa del viejo. -Me gusta –dijo Leila- ¿Conoces entre tus clientes a posibles víctimas? Yo no conozco a ningún otro anciano. -En mi empresa de compraventa de viviendas vienen suficientes clientes. Hoy me he encontrado con un oficial que estaba solo. Pero el negocio está si se hace pareja, podemos hacer que se pierda –dijo la mujer. Las mujeres fueron de cliente en cliente y el negocio funcionó sin problemas, continuando hasta el día de hoy.

- “En mi caso, no puedo dejarme engañar” –dijo Leila, mientras estallaba en un llanto histérico- “El negocio ahora es mío, soy multimillonaria”.

Dijo a Adina, la abogada que tramitaba para llevar a cabo todos los actos de la herencia, de las propiedades.

Cuando se informo a los hijos de Vasile de su muerte y surgió que eran los herederos de Vasile, Leila no concebía que debiera darles ningún dinero a los jóvenes.

Adina le dijo que no se tranquilizara: “Sabes que yo conozco a muchos jueces, por lo que será fácil conseguir un veredicto a tu favor. Únicamente necesitamos a alguno de tus compatriotas que declare que tu ya eras muy rica en tu país, que tenías mucho dinero de tu padre y de tu madre. Si no podemos encontrarlos, no hay problema. Tengo a algunos conocidos y por un poco de dinero ellos dirán lo que queramos.

Leila no tenía contacto con los árabes, la mayor parte de los que había conocido en su país, la evitaban, ellos se habían dado cuenta que era peligrosa.

- Si quieres ayudarme –rogó a Adina- en mi escalera vive un vecino, que vive solo, sus hijos trabajan en el extranjero.

Creo que podemos agenciarnos del apartamento para nosotras.

Si trato de conquistarlo no tengo ninguna posibilidad.

Soy demasiado joven para él, podría dudar que quiera engañarlo, pero si tú te presentas como una rica extranjera, la reacción del hombre sería distinta.

- Claro que sí, voy a coger el abrigo del viejo y podemos echarlo a perder sin que nadie se dé cuenta. ¿Puedes presentarnos esta noche? –Le preguntó a Leila.

El señor Troiescu estaba encantado de conocer a una mujer árabe. El trató de hablara de literatura, música e historia, todo lo que sabía de la historia de Asia. Leila se mostró encantada cuando el hombre ingenuo pensó que conquistaría a las asiáticas con su inteligencia, sus conocimientos, como hombre culto que era.

- “Esta mujer es diferente a las otras –pensó el hombre alegremente.

Leila lo visitó a menudo en los siguientes días. Preparó el café y compro pasteles en una confitería turca, donde servía incesantemente sus licores árabes.

Son orientales, los he hecho yo misma, mi madre me enseñó a cocinar antes de casarme –explicaba la mujer.

El señor Troiescu estaba en el séptimo cielo, se enamoró locamente, estaba viviendo una segunda juventud. Pareciera como si nunca se habría enamorado, ni siquiera de su esposa.

Sin embargo, se sentía muy cansado, a menudo tenía palpitaciones y dificultad respiratoria.

- “¡La edad! Que se le va a hacer –se decía el hombrebuena suerte con Leila”.

- Debes tener un contrato firmado por el viejo hombre –le dijo Adina, la abogada- debes pedirle que firme un contrato de arrendamiento.

En los días siguientes, Leila lee propuso al viejo irse con él.

- Así podré cuidar mejor de ti y estaré constantemente contigo –le dijo la mujer, pero como no estamos casados, quiero que sea de una forma legal, nosotros firmamos un contrato de arrendamiento y no hay ningún problema.

La propuesta para unirse a Leila para siempre, después de pasar tanto tiempo solo desde la muerte de su mujer, además sus hijos habían marchado a trabajar al extranjero, le pareció tentadora. Habría podido hacer cualquier cosa por ello, pero sin embargo, ¿firmar un contrato de arrendamiento y nada más?, “la mujer me ama y es tan honesta y maravillosa” - le dijo al hombre feliz.

-Yo firmaré seguro –dijo Troiescu, mientras con el lapis esbozaba su nombre sobre el papel.

Al día siguiente el médico de urgencias certificaba la muerte del hombre. El corazón, la vejez por supuesto y las mujeres encontraron un inquilino para la casa del anciano.

- Me gusta –dijo Leila- ¿Conoces entre tus clientes a posibles víctimas? Yo no conozco a ningún otro anciano.

- En mi empresa de compraventa de viviendas vienen suficientes clientes, hoy me he encontrado con un oficial que estaba solo, pero el negocio está si puede ser su pareja, podemos hacer que se pierda –dijo la mujer.

Pronto Leila comenzó a encontrar solo víctimas en la iglesia. La mujer no respetaba a las personas y se comportaba con todos como reacción a sus patrones, del burdel árabe.

No amaba a su país de origen y en el que ahora vivía no le estaban dando muchos privilegios inmerecidos. La religion no tenía ningún significado para ella, pero ella fue quien trajo ventajas de que podría sacar el máximo provecho. En los servicios religiosos ella podía conocer muchos hombres.

Las mujeres obtuvieron mucho dinero después de los clientes y el negocio iba sin problemas. Llegaron pronto a ser multimillonarias, pero su avaricia crecía día a día, cada vez más. Era la diversificación y el coraje que las determine a encontrar incluso a viejos que vivían junto a sus hijos, como fue el caso del señor Ispas, el hijo de un médico, pero que recientemente había sufrido un accidente de helicóptero, siendo miembro de una tripulación SMURD. Leila pensó que el médico no iba a sobrevivir.

El señor Ispas, era el dueño de un apartamento en Bucarest y un hogar que había heredado en un pueblo de montaña.

- Organizamos un proyecto POSDRU y propondremos una colaboración en la granja del viejo. Así lo atraparemos de forma permanente, el no podrá escapar.

El hombre, estaba retirado, había sido profesor de historia, era presentable y distinguido. Tenía en él algo de la antigua dureza de las personas del antiguo “Securitate Comunista”, combinado con el engaño, la característica de los ganadores de esa época. Y este atrajo involuntariamente a

- Hay pocas posibilidades de que sobreviva –dijeron los médicos de la ambulancia.

Michael, cuando escucho la noticia, inmediatamente pidió que mandasen al paciente al hospital. De esta manera se podría garantizar el tratamiento más eficaz posible. Cuando el hizo los análisis médicos de su padre, descubrió que había sido envenenado. Comprendió todo lo que había ocurrido. “Leila es una mujer peligrosa” –le dijo a su padre, con la intención de romper la relación con la mujer, y prohibió que en el hospital la mujer pusiera un pie.

Leila espero en vano, las señales de vida del hombre, pero cuando vio que no había ninguna llamada, ella se consolo sola. “Gabriel escapo del accidente, pero mis licores han hecho daño en su cuerpo, lo destruirán, pronto lo llevaran a la tumba”.

Era la primera vez que su malvado plan no había tenido éxito, pero eso fue el principio del ocaso. Ella trato de llamar a Adina, la abogada, pero no la encontró en ninguna parte, ella había huido con su dinero y liquidado sus negocios.

-¿Qué voy a hacer? –Pensó Leila –soy tan pobre como cuando llegue a Rumania. No hay nadie que me ayude. Y fue cuando se dio cuenta de lo mal que se había portado con sus ex empleados, lo cruel que había sido con sus socios, los cuales habían terminado trágicamente. “De ninguna manera, mis compatriotas han logrado enriquecerse con estabas no con trabajo. Y yo ¿Por qué no? A mí nadie me engaña.